El escritor Sebâstian Fazio nos abre las puertas del universo Edrenor

Sebâstian Fazio (Olavarría, Buenos Aires, Argentina, 1984) irrumpe en la novela de fantasía con una saga que cautiva a los amantes del género. Edrenor es un universo construido a pulso, con sus propios códigos. A ese lugar, en donde habita un pueblo que percibe el mundo como vibración, llegarán los humanos cual alienígenas. Es entonces cuando se inicia una aventura que será contada en 21 libros. El primero ya está publicado y se titula “Antes del fuego”.
Por: Rafael Betancourt.
Pregunta: – ¿Qué había en Edrenor antes de que llegaran los humanos?
Respuesta: – Había un mundo. Y para mí eso es importante, porque los humanos de Edrenor no llegaron a una tierra vacía que estaba esperando ser descubierta. Llegaron a un lugar que ya poseía historia, habitantes, creencias, conflictos y una relación con la realidad que ellos no comprendían. Podríamos decir que fuimos sus aliens, sus invasores. Los Malekik estaban allí mucho antes y habían aprendido a relacionarse con el entorno de una manera completamente diferente. Tenían su hábitat, sus costumbres, su ciencia.
Mientras nuestra forma humana de evolucionar suele estar asociada a construir herramientas que nos permitan superar aquello que no podemos hacer, los Malekik habían desarrollado otra clase de vínculo. Habían descubierto el Kräm, habían aprendido a resonar con determinadas cuerdas que sostienen el Pluriverso y, por tanto, a interactuar con aspectos del mundo que para los humanos eran directamente invisibles.
Cuando los humanos llegaron hace aproximadamente setecientos años llevaron consigo tecnología, conocimiento, armas y otra concepción del progreso. El encuentro entre esas dos maneras de comprender la existencia es uno de los acontecimientos fundacionales del Edrenor que conocemos en Antes del fuego, pero que se explica a cuenta gotas, ya que esa historia está pensada para otro momento.
Y quizá la cuestión más interesante sea que la historia de Edrenor no comienza cuando llegan los humanos; solamente comienza entonces la versión humana de esa historia.
P: – Diseñaste Edrenor cual arquitecto. ¿Qué es Edrenor?
R: – Cuando construyes un mundo tienes que pensar no solamente en aquello que se ve, sino también en aquello que lo sostiene. Puedes levantar una ciudad hermosa, pero después tienes que preguntarte de dónde obtiene alimento, quién la gobierna, qué ocurrió allí cien años atrás, por qué una calle lleva determinado nombre o por qué sus habitantes desconfían de los habitantes de otra región.
Para mí Edrenor es, ante todo, un lugar. Intento no pensarlo como un escenario creado para que mis personajes vivan una aventura.
Después existe una arquitectura mucho mayor: pueblos, religiones, política, calendarios, conflictos antiguos, sistemas de poder, diferentes interpretaciones del pasado y una cosmología propia. Muchas de esas cosas jamás necesitarán aparecer de manera explícita en una novela, pero yo necesito conocerlas porque condicionan aquello que sí aparece.
Creo que la sensación de profundidad no surge de contarle al lector todo lo que existe. Surge de conseguir que sospeche que detrás de aquello que está viendo existe muchísimo más, y hay que estar preparado para cuando se ponga a investigar.
Ahora, si me preguntás qué es de verdad, te diría que Edrenor no es exactamente un lugar. Es una solución. En Arrem todo vibra, y un mundo aparece cuando esa vibración encuentra una forma estable de sostenerse. Edrenor nació para contener la resonancia de los dioses, para que las siete cuerdas pudieran sonar juntas sin romper nada. Eso trae una consecuencia incómoda: si se sostiene, es porque algo lo está sosteniendo. Y lo que se sostiene también se puede soltar. Ahí está, en el fondo, la tensión de toda la saga.
P: – ¿Dirías que tu universo coexiste entre tu imaginación y la de tus lectores?
R: – Sí, y creo que ese es uno de los momentos más hermosos que puede experimentar alguien que construye un mundo.
Hay un Edrenor que existe en mis documentos, mapas, anotaciones y novelas. Ese tiene reglas concretas, acontecimientos que ocurrieron de una determinada manera y respuestas que quizá los lectores todavía desconocen. Pero después aparece otro Edrenor: el que cada persona construye mientras lee.
Un lector imagina Rocaverde de una manera ligeramente diferente a otro. Uno puede sentir una conexión enorme con Äsrann y otro quedarse pensando durante días en Alinur. Algunos discuten teorías sobre las cuerdas, otros sobre política, otros sobre la historia de determinados personajes. Y muchas veces encuentran detalles o interpretaciones que yo no había pensado exactamente de esa manera.
El canon de cada personaje sigue siendo responsabilidad mía, naturalmente, pero la experiencia deja de pertenecerme en cuanto alguien empieza a leer. Quizá sea ahí donde el pluriverso empieza realmente a estar vivo: cuando ya no existe solamente en mi cabeza.
Curiosamente, la segunda cuerda, la del tiempo y los senderos, abre millones de caminos y posibilidades ante cada acontecimiento importante —a esos puntos se los llama nodos—. Podríamos mencionarla, entonces, cada vez que hablamos de bifurcaciones, porque al abrirse un nuevo libro se crea un nuevo Edrenor.
P: – Antes del fuego es el primer libro de esta saga. ¿Qué encontrará el lector?
R: – Encontrará primero una historia mucho más cercana de lo que podría esperar de una saga de esta escala.
Una de las grandes puertas de entrada es Érenar Andorian, un joven del valle de Eorient que vive con sus tres hermanos y sus abuelos desde la desaparición de sus padres, ocurrida diez ciclos atrás. Sueña con convertirse en caballero de Solvir y se prepara para participar del Quito Dios, una competición extremadamente peligrosa que forma parte de las tradiciones de su región. Al principio su mundo está compuesto por cosas bastante reconocibles: familia, amigos, aspiraciones, dificultades económicas, responsabilidades y ese deseo que tenemos cuando somos jóvenes de descubrir cuál es nuestro lugar.
Pero Antes del fuego es una novela coral. Muy lejos de Érenar encontramos a Alinur, un Maleki prisionero en Nall que recibe una propuesta difícil de rechazar: acompañar a Élara, hija del Máximo de aquella nación, en la búsqueda de su hermano desaparecido. Esa historia permite conocer otro Edrenor, mucho más oscuro, atravesado por relaciones de poder y por las tensiones existentes entre humanos y Malekik.
A medida que esas y otras líneas avanzan, el horizonte comienza a ampliarse. Aparecen nuevas culturas, conflictos políticos, religiones, el Kräm, las cuerdas y preguntas relacionadas con acontecimientos ocurridos siglos atrás.
Me gusta pensar que el lector comienza Antes del fuego acompañando a unas pocas personas y termina comprendiendo que ha abierto una puerta hacia algo muchísimo más grande de lo que imaginaba.
P: – ¿Cómo ha sido recibido el primer libro de la saga en Argentina?
R: – Una de las cosas que más me sorprendió fue el nivel de implicación de los lectores. Antes incluso del lanzamiento hubo una convocatoria de lectura beta que me permitió observar por primera vez cómo reaccionaban personas que no llevaban años viviendo dentro de Edrenor como yo.
Y el feedback fue extraordinariamente valioso. No solamente porque gustara la historia, sino porque los lectores empezaron a detenerse en pequeños detalles, elaborar teorías, discutir personajes y preguntarse por cosas cuya respuesta quizá se encuentre mucho más adelante. Ahí sentí que algo había empezado a funcionar.
Después comenzó a formarse una comunidad alrededor de la saga. Hay personas que eligen con qué cuerda se identifican, lectores que defienden personajes, otros que encuentran pistas que pensé que pasarían desapercibidas y algunos que desarrollan teorías sorprendentemente elaboradas.
Para mí esa es quizá la recepción más hermosa que puede tener un mundo de fantasía. No solamente que alguien diga «me gustó el libro», sino que quiera quedarse un poco más dentro del lugar después de haber cerrado la última página.
P: – ¿Este universo tiene raíces en la realidad o rompe con todos sus códigos?
R: – Tiene raíces muy profundas en nuestra realidad.
Geográficamente, Edrenor está lleno de cosas reconocibles: montañas, ríos, bosques, lluvia, barro, animales, estaciones. Nunca busqué construir un mundo alienígena. Me interesaba más recuperar cierta sensación de naturaleza enorme, de territorios todavía sin cartografiar y de lugares donde viajar sigue siendo una experiencia peligrosa.
También son reconocibles las personas. Aman, mienten, sienten miedo, construyen familias, buscan poder, crean religiones, necesitan pertenecer a algo y heredan prejuicios de generaciones anteriores. En ese sentido Edrenor es profundamente humano… al menos cuando hay un humano en escena. Los Malekik son otra cosa. Actúan distinto y sienten distinto, porque resuenan y existen de una manera que no es la nuestra. Ese fue probablemente el ejercicio más difícil de toda la construcción: sacarme de la cabeza las «formas» humanas y aceptar que un pueblo que percibe el mundo como vibración no puede pensar igual que nosotros.
Lo que cambia de verdad, entonces, no es la superficie. Es la arquitectura que está debajo. Y ahí sí modifiqué unas cuantas reglas fundamentales, porque cuando alteras una ley física estás alterando también, sin remedio, las sociedades que nacieron bajo ella. Por eso intento no usar la fantasía como decoración: si cambias los cimientos, tienes la obligación de preguntarte qué clase de civilización podría haber crecido encima.
En el fondo son tres cambios, nada más. Que el vacío no está vacío, que existen siete cuerdas con las que algunos seres pueden resonar, y que esa resonancia siempre se paga. Todo lo demás de Edrenor —las religiones, la política, el idioma, los prejuicios— sale de ahí.
P: – Dime tres códigos de este universo que rompan radicalmente con lo que conocemos como realidad.
R: – El primero es el Éterion. En nuestra física el espacio vacío es, básicamente, ausencia; en Edrenor no existe la ausencia. El Éterion es un sustrato que lo llena todo, un potencial de vibración permanente del que emerge el Kräm cuando alcanza suficiente coherencia. Es un derivado del viejo éter, sí, pero llevado hasta sus últimas consecuencias: aquello que nosotros leeríamos como espacio vacío es, allí, materia prima. Algo con lo que se puede interactuar, algo que se puede tensar. Y eso cambia cosas muy concretas: en Edrenor un silencio no es la falta de sonido, es un espacio lleno donde todavía no pasó nada.
El segundo son las siete cuerdas. Un Maleki no aprende magia: nace vinculado a una de esas cuerdas y resuena con ella toda su vida. Su Kräm tiene un color, y ese color dice algo sobre lo que es. Me interesaba mucho esa diferencia, porque convierte el poder en algo casi biológico —no lo eliges, viene contigo— y al mismo tiempo en algo profundamente cultural, ya que alrededor de esa herencia se construyeron linajes, oficios, jerarquías y un montón de maneras de mirar por encima del hombro al que resuena distinto. Un sistema de poder heredado nunca es solo un sistema de poder: es una estructura social.
El tercero, y para mí el más importante, es que nada de esto sale gratis. Manipular el Kräm es alterar un equilibrio, y todo equilibrio alterado se cobra algo. Hay límites físicos, hay desgaste, hay consecuencias que aparecen mucho después. Siempre quise que el poder tuviera un precio, porque el precio es lo que obliga a un personaje a elegir. Si alguien puede resolver cualquier problema tirando de una habilidad extraordinaria, el conflicto desaparece y la novela se vuelve un trámite.
Éterion, cuerdas y consecuencia. Después cada cultura de Edrenor intenta explicar esas tres cosas a su manera, y ahí es donde la física empieza a confundirse con la religión, la tradición y el mito. Que es, más o menos, lo que pasa también en nuestro mundo.
P: – Es una saga proyectada para 21 libros. Como escritor, ¿te centrarás en este proyecto?
R: – Sí. Edrenor es mi principal proyecto literario y probablemente me acompañe durante una parte enorme de mi vida.
Pero veintiún libros no significan contar una única historia interminable. Para mí ese número tiene sentido porque el universo permite recorrer diferentes conflictos, épocas, personajes y regiones. Hay acontecimientos separados por cientos de años. Algo que en una novela presenciamos directamente puede convertirse en una leyenda mucho tiempo después, y quizá otro libro permita descubrir cuánto había de verdad en aquella leyenda.
Eso me da una libertad enorme. Puedo cambiar la escala, el tono y hasta el tipo de historia sin abandonar el universo.
Naturalmente tengo otros intereses y seguramente escribiré otras cosas, al menos no en los próximos años. Ya lo he hecho anteriormente. Pero Edrenor ocupa un lugar diferente. Llevo más de trece años construyéndolo y todavía tengo enormes territorios por descubrir y muchas historias por contar.
Por eso lo llamo mi proyecto de vida. No porque pretenda escribir eternamente la misma historia, sino porque encontré un mundo en el que todavía tengo muchas historias que quiero contar.
P: – ¿Cuál será el segundo libro? ¿Lo puedes adelantar?
R: – El segundo libro se titula Piedra y ceniza. Puedo adelantar muy poco porque incluso explicar determinadas situaciones significaría revelar cosas importantes de Antes del fuego. Lo que sí puedo decir es que no quería escribir simplemente “más Antes del fuego”. Cada libro tiene que tener una identidad propia.
Si el primero tiene mucho que ver con el descubrimiento, con personajes que empiezan a comprender que su mundo es más grande y complejo de lo que suponían, Piedra y ceniza comienza a trabajar con otra idea: las consecuencias.
El lector ya conoce ciertas reglas, lugares y personajes, por lo que puedo pedirle algo diferente. Podemos entrar más profundamente en algunos aspectos de Edrenor, ampliar la escala y empezar a observar determinadas cosas desde posiciones que antes no estaban disponibles. Es más político, más veloz y más “bélico”.
Siempre pensé que el primer libro debía abrir puertas. Piedra y ceniza empieza a mostrarnos qué había detrás de algunas de ellas.

Aquí la web del universo Edrenor:
https://www.sagaedrenor.com/sobre-sebastian
MADRID, ESPAÑA
Septiembre, 2026