Mauricio Chaves–Mesén,
autor de la saga
“Caballeros de Nostradamus”
“Caballeros de Nostradamus son científicos, empresarios, sacerdotes, arqueólogos, espías, periodistas que van descubriendo que poseen diferentes piezas de un mismo rompecabezas”

El escritor costarricense radicado en España presenta “Los Espías del Vaticano”, la octava novela de su exitosa saga que impacta en España y Francia. Sociedades secretas, numerología, geometría sagrada, física y metafísica, son algunos de los ingredientes de una serie de libros que apasionan a miles de lectores. Y, como si fuera poco, en sus historias incluye nombres como Nostradamus, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Julio Verne, Nicolás Maquiavelo y el enigmático Conde de Saint Germain

Mauricio Chaves–Mesén
Por: Carlos Javier Silva
Pregunta: – ¿En qué momento de tu vida descubres a Nostradamus?
Respuesta: – A mediados de los noventa, apenas terminé el primer borrador de una historia sobre nobles europeos y sociedades secretas, me encontré con mi novia a Washington, donde vivía la mamá. Ella tenía un libro sobre Nostradamus. Lo leí, y quedé con la boca abierta cuando descubrí varias profecías que parecían describir elementos de mi novela.
Comencé a investigar sobre ese profeta cuyos textos llevan cinco siglos generando interpretaciones, ¡y ya no pude sacarlo de la historia!
Lo curioso es que ese patrón se ha repetido durante treinta años: escribo algo a las tres de la mañana “por inspiración de las musas”, investigo y luego encuentro que existe una conexión histórica real que no había previsto ni conocía. Esa es la parte que más disfruto.
P: – ¿Y cuándo decides crear una saga llamada “Caballeros de Nostradamus”?
R: – La primera novela, Círculo de Poder, era una historia independiente; lo mismo la segunda, que terminé en 2010. Parecían no tener relación… Así se quedó el asunto unos años, hasta que comenzó a surgir la tercera que reunía ambas alrededor de las profecías y uno de los protagonistas bromea diciendo que deberían llamarse los “Caballeros de Nostradamus”, para sonar “misteriosos”. Ese nombre terminó definiendo algo mucho mayor, pues vino la cuarta, la quinta, la sexta… y ya no pude parar.
Hoy los Caballeros son personas provenientes de todos los mundos—científicos, empresarios, sacerdotes, arqueólogos, espías, periodistas— que van descubriendo que poseen diferentes piezas de un mismo rompecabezas…y que quizá no es la primera vez que están juntos intentando armarlo.
P: – Incluyes sociedades secretas, numerología, geometría sagrada, física y metafísica. Pero además trabajas nombres como Nostradamus, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Julio Verne, Nicolás Maquiavelo y el enigmático Conde de Saint Germain. ¿Se puede pedir más intriga?
R: – ¡Siempre se puede pedir más! Ya vienen Tesla y Camille Flammarion, tengo dos meses de que no me dejan dormir contándome su historia. Luego vendrán Dante, Platón, Shakespeare, y otros que se revelarán más adelante. Pero para mí lo importante no es reunir nombres famosos como si fueran postalitas… (se me acaba de ocurrir un negocio, ja!). Ya en serio, Leonardo quiso entenderlo todo, Newton transformó la ciencia, pero al mismo tiempo se dedicó a la alquimia, la cronología bíblica y las profecías; Verne imaginó tecnologías y viajes imposibles; Maquiavelo estudió el poder; Nostradamus vio el futuro, y así, cada uno representa una manera diferente de intentar comprender la realidad.
La pregunta que alimenta mis novelas es: ¿y si todos hubiesen encontrado fragmentos de una misma cosa? Ahí comienza el juego. Yo utilizo documentos, hechos históricos, tradiciones, mitología y ciencia contemporánea, los pongo sobre la mesa y busco conexiones. Siempre las encuentro.
Un ejemplo de estos días. En la novela nueve escribí que dos personajes históricos tenían relación. Luego fui a Roma de paseo, digo, en un profundo viaje de investigación, ¡ja! y de pronto, veo los nombres de ambos, uno junto al otro, ¡en la cúpula de San Pedro!
Fue muy raro, los lectores se van a sorprender de las conexiones que encontré.
Ese personaje tiene relación con el 1,61, la proporción aurea… y cuando metí las profecías que lo definían me di cuenta de que eran la profecía 16, centuria 1 de Nostradamus, Mateo 16.18, la lectura 28-161 de Edgar Cayce, dictada en casa de un amigo en la calle 116… etc. Y va más allá, esas son la mitad de las coincidencias. Es tan raro… No lo hago a propósito, pasa así, es lo mismo en todas las novelas: no invento, descubro.
P: – ¿Cuál es la historia central que atraviesa la saga?
R: – Es la historia de la humanidad. Existe un grupo, los Purificadores, convencidos de que nuestra civilización ha llegado a tal nivel de corrupción, violencia y destrucción que debe desaparecer para permitir el nacimiento de otra. Frente a ellos están quienes conocen nuestras miserias pero creen que merecemos otra oportunidad. Ese es el conflicto exterior.
Pero debajo existe otro más antiguo: la búsqueda de un conocimiento que ha sobrevivido a civilizaciones, religiones e imperios y que diferentes grupos han intentado preservar, esconder o controlar durante miles de años.
¿Qué somos, de dónde venimos y hacia adonde vamos? Suena a cliché, pero es que esta realidad, cuando uno escarba, es muy extraña, y uno se da cuenta de que los antiguos sabían y entendían cosas que, hasta ahora, con la física cuántica, comenzamos a comprender.
Por eso la historia termina conectando sociedades secretas modernas con el Vaticano, las profecías, civilizaciones antiguas y finalmente la Atlántida.
Ahora, no es una historia de buenos absolutos contra malos absolutos y acartonados. Los Purificadores tienen uno que otro argumento razonable. Los héroes se equivocan y los villanos son complejos y tienen la capacidad de amar a sus hijos y traicionar a otros para salvarlos. En las instituciones que menciono… hay santos y demonios.
Cuando el lector llega a preguntarse “¿y si estos villanos tienen algo de razón?”, entonces la historia empieza a ponerse interesante.
P: – Ahora presentas la octava novela de la saga, Los Espías del Vaticano. ¿Qué cuentas en este libro?
R: – Siete niños huérfanos forman, casi como un juego, un grupo llamado los Siete de Zeus. La vida los separa y cada uno termina en lugares muy distintos: inteligencia, ciencia, empresas… Décadas después, misterios relacionados con esa época en el orfanatorio los obliga a reunirse, pero ya no saben quién es quién, pues hay agentes, agentes dobles, agentes triples…
Su aventura los lleva por Chicago, Estambul, Roma, y Georgia siguiendo conexiones entre iglesias antiguas, obeliscos, símbolos y lugares que forman una estructura geográfica; otro de esos casos en que lo que descubrí calza de forma tan perfecta, que me cuestiono en serio cuánto es verdad. Detrás comienza a aparecer el Vaticano, una institución que durante siglos tuvo acceso privilegiado, y casi exclusivo, a documentos, testimonios y conocimientos… y reaparece un personaje que será fundamental en las próximas novelas: el cardenal John O’Brien… Pronto sabremos quién es…
P: – Varios de tus libros llevan semanas entre los más vendidos en España y en Francia. ¿Te imaginabas estas respuestas?
R: – Uno siempre sueña con encontrar lectores, pero una cosa es imaginarlo y otra abrir Amazon y encontrar varias novelas de la saga entre las más vendidas, pues se las compran de ocho en ocho.
Francia ha sido emocionante. Las traducciones comenzaron a publicarse en el segundo trimestre de este año y la respuesta fue inmediata. La primera novela llegó al número uno en Misterios Ocultos y las otras siete también están entre las primeras posiciones. En España la respuesta también es fenomenal. Pero el ranking dura un día, una semana o un mes; lo que me emociona son los lectores que terminan una novela y siguen con la siguiente, y la siguiente, y no pueden parar y me escriben para averiguar cuándo sale la próxima. Un anuncio puede conseguir que alguien compre el primer libro, lo que hace que compre ocho, se los lea, y reclame la que sigue, es otra cosa.
P: – ¿Eres el Dan Brown hispano?
R: – Dan Brown es Dan Brown y yo soy Mauricio Chaves-Mesén. La comparación me halaga muchísimo porque él consiguió llevar el thriller histórico y de conspiraciones a millones de lectores y demostró que se puede hablar de arte, religión, historia y símbolos dentro de una novela que no permite dejar de pasar páginas. Compartimos ese territorio, pero mis novelas han tomado otro camino. No son misterios que comienzan y terminan en cada libro, es un universo que lleva treinta años creciendo y en el que una pista colocada hoy puede adquirir significado tres novelas después.
Muchas veces yo ni sé que eso es una pista o que tendrá esa importancia. Cuando las musas me llevan allí, soy el primero en decir, “¿Que quéeee?”. Me río, doy gracias por el guiño, y a veces dejo un audio contando cómo llegué allí por si algún día no me creen (¡son mis pruebas!), y luego sigo, esperando la próxima revelación. Además, conforme he avanzado en la saga aparecieron la Atlántida, las matemáticas, la física, la inteligencia artificial, la consciencia, las civilizaciones antiguas… Así que si alguien lee una contraportada y piensa “esto puede gustarme porque me gusta Dan Brown”, fantástico, probablemente tenemos un nuevo lector. Después espero que descubra que ha entrado en otro universo, uno que se mete en TODO y le hará cuestionarse muchas cosas.
P: – Vienes de ser abogado y empresario. ¿La literatura te interesa de pronto o ya era parte de tus pasiones?
R: – De niño me leí todo Julio Verne, Emilio Salgari, Morris West y otros, y a los ocho años, en la máquina de escribir de mi papá, hice mis primeras dos novelas cortas -o cuentos largos-. Crecí, estudié Derecho y Administración, pero siempre mantuve el gusanito de la lectura y de crear historias. ¡Dicen mis novias de entonces que les echaba unos cuentos! ¡Ja!
En 1994, cuando estudiaba en Italia, me hice novio de una condesa (y yo tremendo plebeyo, ya de entrada parecía novela). Terminé conociendo familias europeas con historias de siglos y escuchando relatos sobre antepasados, tradiciones y secretos familiares.
Las primeras líneas de mi novela, Círculo de Poder, las escribí en un palacio construido por el hijo de Dante Alighieri en Verona. Suena a cuento, ¡pero hay fotos! Y el conde “malo” fue modelado en el papá de mi novia Priscilla. El señor, simpatiquísimo pese a ser un conde conocido, siempre me trató muy bien, y quedó encantado de que lo convirtiera en villano.
Después vino la vida. Tuve empresas, éxitos, fracasos, pérdidas, volver a empezar… En busca de respuestas, de luz en mi túnel, traduje a Atkinson, Blavatsky, Orwell, Haanel, Allen… Y en los momentos más duros, casi que con “la depre”, comenzó a salir del éter esta historia que lo abarca TODO.
P: – ¿Qué viene en la saga?
R: – Después de Los Espías del Vaticano llega El Arca Secreta de Noé. Aquí regresan los personajes de las novelas anteriores, pero ciertos acontecimientos alrededor del Vaticano y del nuevo Papa, transforman el tablero. Y en las siguientes, nos conectaremos con Egipto, Isis, el Laberinto… pero también con Nikola Tesla, Isaac Newton, la tecnología.
Paralelamente está creciendo la saga Atlántida, que cuenta lo ocurrido miles de años antes, y la saga paralela 3.14, donde las matemáticas, la física y la inteligencia artificial adquieren un protagonismo enorme.
Durante mucho tiempo pensé que escribía diferentes novelas conectadas; ahora sospecho que llevo treinta años escribiendo una sola historia gigantesca desde diferentes épocas y puntos de vista. ¡Soy el primero en querer descubrir qué sigue!
Por eso todas las noches abro la mente, cito las musas a reunión, y digo, ahora sí jóvenes, ¿hoy de qué vamos a escribir? … ¡Y sale cada cosa!
Últimamente me levanto, desayuno, y luego le mando un audio a mi hija: “Vieras lo que escribí a las tres de la mañana, una locura, te acordás de fulano de tal… resultó que ese era…” y hasta allí puedo contar sin spoilers.
No duermo, ¡pero como me divierto! Y lo bueno, es que mis lectores también, pues hasta los “haters” se las leen todas, ¡ja!
MADRID, ESPAÑA
Septiembre, 2026