Unai Arroita,
autor de la novela
“La sombra del trono”:
“Hay algo detrás de todo el poder del mundo, observando, esperando”

Unai Arroita
Unai Arroita (Vizcaya, 1996) lo tiene claro: “No siempre manda quien parece mandar”. Con esta premisa, entre muchas otras, ha diseñado un universo literario que contará en varios libros. La fantasía épica es el género que ha escogido para narrar una historia de dioses y humanos con altas responsabilidades. Su primer libro titulado La sombra del trono sale a la luz a nivel internacional.
“El Trino sigue a Runar Larronag, un joven que descubre que posee a la vez los tres Poderes del mundo —Vida, Alquimia y Contratos—, algo que no había vuelto a suceder desde una guerra antigua. Ese descubrimiento lo convierte de inmediato en fugitivo, perseguido tanto por el gobierno como por quienes deberían protegerlo”, adelanta Arroita dejando la intriga en el ambiente.

Por: Eduardo Maestre.
Pregunta: – Te gusta dibujar, creo que incluso dibujabas antes de escribir. ¿La literatura te llega primero en imágenes?
Respuesta: – Sí, siempre me ha gustado dibujar. Y creo que eso se nota en cómo escribo: para mí es fundamental que el lector pueda ver lo que está pasando, no solo leerlo. Cuando escribo una escena, antes de ponerla en palabras ya la tengo como imagen en la cabeza, y luego intento trasladar esa imagen al texto con el mayor detalle posible, para que quien lo lea pueda visualizarla igual que yo la visualizo.
P: – La sombra del trono es tu primera novela y marca el inicio de una saga de fantasía épica. Entras al mundo literario pisando fuerte.
R: – La verdad es que no me veo capaz de contar esta historia en un solo libro. Para mí es fundamental que todo tenga un porqué, que cada pieza esté justificada y se pueda desarrollar con calma, y eso no entra en una sola novela. Mi mayor referencia en ese sentido es One Piece, de Eiichiro Oda: lleva en publicación semanal desde 1997 y ha construido un mundo inmenso, con una coherencia y una profundidad que solo son posibles con tiempo y espacio. Es ese tipo de construcción de mundo, a largo plazo, lo que yo quería para «La sombra del trono”.
P: – ¿De qué trata La sombra del trono. El trino, Libro I? El título parece anunciar que detrás de todo poder hay una historia oscura.
R: – El Trino sigue a Runar Larronag, un joven que descubre que posee a la vez los tres Poderes del mundo —Vida, Alquimia y Contratos—, algo que no había vuelto a suceder desde una guerra antigua. Ese descubrimiento lo convierte de inmediato en fugitivo, perseguido tanto por el gobierno como por quienes deberían protegerlo.
Y ahí el título no engaña. Yo conozco un poco cómo funciona la política desde dentro, y una cosa que aprendes es que no siempre manda quien parece mandar: casi siempre hay alguien detrás. En esta historia pasa lo mismo, solo que llevado más lejos: hay algo detrás de todo el poder del mundo, observando, esperando. No puedo decir más: hay cosas que es mejor que cada uno las descubra por sí mismo. Y esto, además, es solo una pequeña parte de todo lo que está por venir.
P: – ¿Ambientas la historia en un año determinado? ¿Cómo son las ciudades y los escenarios en general?
R: – Sí, la historia principal se sitúa en el año 1100 A.R. —Año del Renacer—, un calendario que empieza a contar desde el final de la Guerra de los Quince. Antes de esa guerra se usaba el calendario Primigenio, pero el conflicto fue tan determinante que marcó el inicio de una nueva era, literalmente un nuevo calendario. Así que cuando el lector ve «1100 A.R.», ya está viendo una fecha que, sin saberlo, le está diciendo cuánto tiempo lleva el mundo viviendo con las consecuencias de esa guerra.
En cuanto a los escenarios, el mundo de Aureth es muy rico: hay reinos, países y continentes de todo tipo. Tenemos desde los verdes paisajes de Verdalia, hasta los horizontes fríos y helados de Nífkran, pasando por los kilométricos desiertos de Solkar. Quería que el lector sintiera que el mundo respira variedad, que cada región tiene su propia identidad y que la historia se mueve porun planeta de verdad, no solo por un decorado.
P: – Los dioses de tu historia se equivocan. ¿Qué consecuencias tendrá esa equivocación?
R: – Sí, y es un error que viene de muy atrás. Hace generaciones hubo una gran guerra, y de ella salió un poder fragmentado: parte quedó repartido en figuras que hoy se creen divinas —y son veneradas como tal— sin serlo del todo; otra parte quedó escondida; y otra parte impregnó el propio mundo, dejando heridas que todavía se pueden encontrar recorriendo el mapa. Ese error, esa fragmentación, es la semilla de todo lo que ocurre en la saga. Y lo inquietante es que ese poder roto no se ha resignado a quedarse así: lleva todo este tiempo esperando el momento y la persona adecuados para volver a unirse. Las consecuencias de esa equivocación no se quedaron en el pasado: van a determinar el destino del mundo entero.
P: – ¿Y cuál es la responsabilidad de los personajes humanos?
R: – Es total, y es algo que me importaba mucho dejar claro. Por mucho que haya fuerzas antiguas moviendo hilos, ninguno de mis personajes puede escudarse en eso para justificar lo que hace. La manipulación en esta historia no funciona con mentiras, sino con verdades: a cada personaje se le muestran cosas reales, y es él quien decide qué hacer con ellas. Eso significa que, en cada momento clave, siempre había otra opción. Nadie cae en la oscuridad porque estuviera predestinado a hacerlo, sino porque, con toda la información delante, eligió ese camino. Y esa es precisamente la parte que más me interesaba explorar: hasta qué punto seguimos siendo responsables de nosotros mismos incluso cuando algo mucho más grande que nosotros está empujando.
P: – ¿Toda guerra deja una herida que perdura en el tiempo?
R: – Sin duda, y en esta saga es casi literal. La Guerra de los Quince no solo cambió el mapa político del mundo: fracturó un poder divino, dejó cicatrices reales sobre el propio territorio y marcó el inicio de un calendario nuevo, como si el mundo hubiera decidido empezar a contar el tiempo de nuevo a partir de ese trauma.
Pero también quería que hubiera algo de realidad ahí debajo. Las guerras las empiezan los políticos, casi siempre desde despachos, con decisiones que a ellos les cuestan poco. Y luego somos las personas normales quienes cargamos con las consecuencias, generación tras generación, mucho después de que quienes la empezaron hayan dejado de estar. Eso es algo que quería que se sintiera en la historia: mis personajes no eligieron esa guerra, pero sí tienen que vivir —y a veces morir— con lo que dejó.
P: – ¿Tienes libros a los que vuelves cada cierto tiempo?
R: – Sí, sobre todo One Piece, de Eiichiro Oda. Es mi obra favorita desde que tengo memoria, y me gusta releerla desde el principio de vez en cuando porque siempre encuentro guiños nuevos: cosas que en su día pasaron desapercibidas y que, con lo que está pasando en la trama actual, cobran otro sentido. Es una relectura que nunca se siente igual dos veces.
P: – Cuando terminaste de escribir La sombra del trono, ¿las imágenes siguieron viviendo en tu cabeza?
R: – Totalmente. Me sé a los personajes principales de memoria, es casi como si fueran amigos míos. He pasado tantas horas con ellos, imaginando cómo reaccionarían, cómo hablarían, qué decisiones tomarían, que ya forman parte de mí. No es algo que se apague al terminar de escribir: los sigo viendo, los sigo escuchando, y creo que eso es precisamente lo que me permite seguir construyendo la saga con tantos libros por delante.
MADRID, ESPAÑA
Agosto, 2026