Plinio Apuleyo Mendoza: una vida entre la literatura, la amistad y la memoria
En el homenaje de la Academia Colombiana de la Lengua, Hernán Alejandro Olano García recorrió la obra del escritor tunjano a través de sus recuerdos, sus vínculos con los protagonistas del boom y las contradicciones de una vida dedicada a contar.

Plinio Apuleyo Mendoza
Texto y Fotos Por:
@francomendozaphoto /www..correocultural.com

Eduardo Durán Gómez
La Academia Colombiana de la Lengua, dirigida por Eduardo Durán Gómez, rindió homenaje al escritor, periodista y diplomático Plinio Apuleyo Mendoza García. La sesión, convocada en modalidad presencial y virtual en la Sala de Juntas José María Vergara y Vergara, se inscribió en la programación de los 155 años de la institución

Hernán Alejandro Olano García
La intervención estuvo a cargo del doctor Hernán Alejandro Olano García, miembro de número de la Academia, bajo el título «El compadre de Gabo. Homenaje postmortem al tunjano del boom». Su discurso entrelazó la evocación personal con el comentario literario y el retrato de una generación que encontró en los viajes, las discusiones políticas y la escritura una forma de comprender su tiempo.
Olano abrió su relato con una imagen de infancia: la plaza de Toca, Boyacá, adonde acompañaba a su padre los sábados al juzgado municipal. Allí observaba un busto de Plinio Mendoza Neira, padre del escritor, cuya inscripción lo presentaba como «guía, apóstol, conductor». La curiosidad por aquellas palabras fue el punto de partida para acercarse a una familia vinculada con la vida política y cultural colombiana.

Consuelo Mendoza de Riaño
Desde ese recuerdo, el académico evocó el aporte de las hermanas Mendoza al periodismo y a las publicaciones culturales. Así situó al homenajeado dentro de un entorno familiar en el que la palabra escrita, el reportaje y la vida pública ocuparon un lugar decisivo.


Uno de los momentos más personales del discurso fue la narración de su propio encuentro con los libros de Mendoza. Olano recordó que Los retos del poder fue el primero que consiguió hacerle firmar. Después llegaron otras lecturas, hasta reunir once títulos y emprender una prolongada búsqueda de sus dedicatorias.
El encuentro finalmente ocurrió en la oficina del escritor. Sorprendido por la cantidad de ejemplares, Mendoza lo invitó a acompañarlo a su apartamento para regalarle el volumen que le faltaba. Olano recordó una expresión que resumió aquella escena: «¡¡Es que este señor ha leído todos mis libros!!». En la biblioteca de la casa encontró, además, obras dedicadas por autores del boom latinoamericano, testimonio de una cercanía que había conocido primero a través de la lectura.
El académico también relató cómo esa admiración lo llevó a seguir las huellas del escritor en París. Evocó una estancia cerca del metro Pigalle y las buhardillas que asociaba con sus páginas. La experiencia le permitió reconocer una ciudad atravesada por la precariedad y la vida cotidiana que Mendoza había incorporado a sus relatos.

La amistad con Gabriel García Márquez constituyó uno de los ejes de la intervención. Olano recorrió episodios compartidos en Bogotá, París, Venezuela y La Habana, así como experiencias vinculadas con Prensa Latina y los viajes por Europa. En ese itinerario apareció el joven García Márquez que todavía enfrentaba dificultades económicas y dudas sobre su porvenir literario.
El conferencista destacó el valor de esa mirada cercana: Mendoza había conocido al amigo antes de que la fama transformara su figura pública. Desde esa intimidad pudo conservar gestos, conversaciones y situaciones que permiten acercarse al ser humano detrás del Nobel.
La relación también tuvo una dimensión familiar. Mendoza fue padrino de Rodrigo García Barcha, y Olano recuperó las anécdotas de ese vínculo para mostrar el humor y la confianza que acompañaron la amistad. El olor de la guayaba, surgido de las conversaciones entre Mendoza y García Márquez, ocupó así un lugar dentro del recorrido por una relación que también dejó una obra compartida.
Al examinar sus libros, Olano prestó especial atención a Años de fuga, donde el regreso a París permite confrontar las ilusiones juveniles con el paso del tiempo. En su lectura, los reencuentros, las discusiones y los destinos de los personajes expresan el desencanto de una generación.
Sobre Entre dos aguas, destacó la tensión entre la provincia, la capital y el mundo europeo. El desplazamiento geográfico se convierte allí en una pregunta por la pertenencia: quien ha conocido distintos lugares descubre también la dificultad de sentirse plenamente en casa.
Los retos del poder le permitió abordar otra faceta del homenajeado: su capacidad para retratar a los dirigentes colombianos mediante recuerdos, episodios personales y observaciones cargadas de ironía. Olano manifestó su aprecio por una obra que aproxima al lector a las figuras del poder desde sus comportamientos y circunstancias humanas.
París reapareció a lo largo del discurso como escenario fundamental. El académico evocó los encuentros de Mendoza con escritores, artistas e intelectuales, así como su trabajo en la revista Libre, vinculada con autores del boom. También recordó el círculo de colombianos y latinoamericanos con quienes compartió conversaciones, dificultades y proyectos.
En ese universo tuvieron presencia nombres como Marta Traba, Rogelio Salmona, Emma Reyes, Julio Cortázar y Fernando Botero. A través de ellos, la intervención reconstruyó una red de afectos e intercambios que ayuda a comprender el ambiente cultural del escritor.
Olano dedicó igualmente pasajes a Marvel Moreno y Patricia Tavera, a sus vínculos familiares y a los recuerdos que Mendoza convirtió en materia narrativa. Estas referencias ampliaron el retrato del personaje público al incorporar los afectos, las pérdidas y las experiencias domésticas presentes en sus libros.
El homenaje incluyó sus posiciones polémicas, sus cambios políticos y su mirada crítica sobre los ambientes diplomáticos y sociales. El académico recuperó el humor con que Mendoza describía sus formalidades, al tiempo que señaló las contradicciones de un hombre que frecuentó esos círculos y los observó con ironía.
A lo largo de ese recorrido permaneció Boyacá. Olano subrayó que Tunja seguía presente en las comparaciones, las costumbres y el lenguaje del escritor. Una respuesta de Mendoza a Marta Traba condensó esa pertenencia: «Yo sigo siendo de Tunja, no olvides. Me encantan las almojábanas».
Hacia el cierre, el conferencista explicó su decisión de reunir recuerdos y fragmentos de lectura como una invitación a explorar la obra del homenajeado. Comparó los libros con lugares donde aguardan tesoros por descubrir, entre experiencias vividas, imaginación, humor y reflexión.

La intervención dejó un retrato amplio de Plinio Apuleyo Mendoza: lector de su tiempo, narrador del desarraigo, testigo de amistades literarias y observador de la vida política. Al volver sobre sus páginas, Olano propuso reconocer una obra en la que los acontecimientos públicos conviven con las conversaciones y los detalles que preserva la memoria.
Bogotá D.C. Colombia
Octubre, 2026