Entrevista a la escritora
Mónica Alcalde:
“Nos enseñan a mostrarnos fuertes y a esconder la vulnerabilidad para que no parezca una debilidad”
Mónica Alcalde
La escritora Mónica Alcalde (Córdoba, España, 1985) tiene claro que “el amor es una de las fuerzas que mueven el mundo”. De esa convicción surge su primera novela titulada “Tú, mi anestesia”, una historia que cuenta la relación esquiva que viven dos personas, pero que puede ser aplicable a todo adormecimiento de las emociones en un mundo diseñado para la fortaleza inquebrantable.

Por: Eduardo Maestre.
Pregunta: – ¿Se puede amar con el corazón en los tiempos que corren?
Respuesta: – Se puede y se debe. No concibo otra forma de amar. Tarde o temprano, lo que sentimos acaba dando la cara: nos muestra qué nos duele, qué nos hace bien y qué nos limita. Y no podemos luchar contra eso toda la vida.
Cuando hablo del corazón, lo hago desde un lugar emocional y también simbólico. No lo entiendo como un simple músculo que bombea sangre, sino como esa parte de nosotros que a veces intenta hacerse oír, aunque tratemos de silenciarla. Quizá podamos fingir durante un tiempo que no sentimos algo. Pero, al final, suele ser muy difícil sostener esa lucha. Por mi propia experiencia, creo que el corazón no se equivoca cuando nos señala lo que nos importa; aunque escucharlo no siempre signifique que el camino vaya a ser fácil.
Amar con el corazón puede resultar difícil porque, desde pequeños, muchas veces nos enseñan a mostrarnos fuertes y a esconder la vulnerabilidad para que no parezca una debilidad. Aun así, si nos atrevemos a escuchar lo que sentimos, podemos empezar a distinguir qué queremos de verdad. El miedo, las dudas y lo desconocido a veces nos paralizan, y terminamos prestando más atención a la razón que a aquello que necesitamos reconocer.
P: – En la sinopsis de tu novela se dice ¿Qué pasaría si descubres que despertar las emociones más profundas de tu corazón es la puerta hacia tus sueños? Te pregunto: ¿Qué pasaría?
R: – Me encanta esta pregunta. Por eso la elegí para abrir la sinopsis y acercar a quien lee a lo que encontrará en la novela. Vivimos en un mundo acelerado y, a veces, cuesta escucharnos entre tanto ruido. Tú, mi anestesia parte precisamente de esa idea: muchas veces bajamos el volumen de lo que sentimos para intentar sobrevivir a las heridas, los miedos, la comparación y la necesidad de demostrar nuestro valor. Cuando escuchamos de verdad lo que llevamos dentro, empezamos a reconocer lo que deseamos y quiénes somos. Algunas experiencias nos hacen construir armaduras para no mirar aquello que nos asusta, pero debajo de ellas siguen estando nuestras necesidades y nuestros sueños.
Hubo una etapa de mi vida en la que me costaba escucharme. Me daba miedo asomarme a lo que guardaba dentro. Cuando apartas un poco el ruido y te permites mirar, puedes descubrir una versión de ti más entera y más consciente de lo que quiere. Entonces empiezas a moverte hacia aquello que deseas, incluso con miedo. A veces, ahí también aparece un propósito. Con el amor ocurre algo parecido. Cuando sabes quién eres y puedes mostrarte desde ahí, el vínculo se vuelve más auténtico. Creo que nuestra esencia puede abrir caminos que el miedo nos hacía creer cerrados.
P: – ¿Por qué “¿Tú, mi anestesia”?
R: – Porque creo que muchas veces vivimos un poco anestesiados emocionalmente, sin darnos cuenta. No porque no sintamos, sino porque aquello que sentimos puede doler. Entonces aprendemos a bajar el volumen de lo que nos inquieta, nos atormenta o nos paraliza. Nos llenamos de ruido, de rutinas, de prisas, de planes o de fantasías. Cualquier cosa parece más fácil que sentarnos frente a lo que realmente nos pasa.
Para mí, el título habla también de cómo a veces idealizamos el amor o a una persona y la convertimos en un refugio. Como si su presencia pudiera quitarnos de encima nuestros problemas. Como si querer a alguien fuese más fácil que mirarnos por dentro y atender nuestras propias heridas. Quise plasmar esa idea con la metáfora de estar anestesiados. Katia, la protagonista, vive mucho desde ahí. Se ha protegido tanto del dolor y de las heridas del pasado que ha construido un mundo interior donde todo parece más seguro. Se anestesia a su manera. Le resulta más fácil idealizar algo que no conoce que exponerse a un amor real, de esos que te ven y también pueden hacerte daño. Nico hace algo parecido, aunque de otra manera. Se mueve y se marcha; no termina de quedarse en ningún sitio. Para él, quedarse significa sentir, implicarse y aceptar que alguien puede importarle de verdad. También carga con un dolor del pasado del que todavía no ha conseguido liberarse. Los dos han encontrado su propia forma de anestesiarse y de no mirar lo que les duele. Entonces aparece el otro, no para salvarlos —porque nadie puede hacer eso por ti—, sino para despertar algo que llevaban mucho tiempo adormeciendo. Para ponerlos frente a sus miedos, sus contradicciones y todo aquello que ya no pueden seguir escondiendo.
Por eso es Tú, mi anestesia. Porque a veces creemos que alguien viene a calmarnos, cuando en realidad su presencia nos obliga a volver a sentir la vida, con todo lo que eso implica. También con el dolor, que forma parte de estar vivos.
P: – Katia Moreau y Nico Álvarez son dos protagonistas que esquivan el amor. ¿Por qué?
R: – Porque los dos han aprendido a relacionarse con el amor desde el miedo y no desde su autenticidad, aunque cada uno lo haga de una manera distinta. Katia siente las cosas con una intensidad que le ha dado más de un golpe. Desde muy joven entendió que mostrar demasiado lo que sentía podía dejarla expuesta, hacerla parecer exagerada o conseguir que los demás no la entendieran. A eso se suma una decepción amorosa que la llevó a construir una coraza y a idealizar el amor. Cuando por fin creyó que alguien la veía de verdad, descubrió que se habían reído de ella. Eso le rompió algo muy profundo: dejó de confiar en los demás y también empezó a desconfiar de su propia forma de sentir. Por eso le resulta más fácil refugiarse en lo que imagina que en lo que tiene delante. En una historia idealizada no hay decepciones ni rechazo. No hace falta mostrarse del todo porque, en el fondo, sabes que no es real. Aunque no siempre te des cuenta, esa distancia también puede herirte. Y, sobre todo, te aleja de la vida que ocurre de verdad.
Nico, en cambio, no idealiza: se marcha antes de que algo pueda dolerle. Se adelanta porque ya ha pasado por el dolor y ahora intenta esquivarlo. Ha hecho de la libertad su forma de estar a salvo: cambia de lugar, encadena viajes, no termina de deshacer la maleta y evita cualquier vínculo que le pida quedarse. Cree que, si no necesita a nadie, nadie tendrá el poder de romperle de nuevo. Pero esa forma de vivir también nace de una herida. Nico sabe lo que es perder a alguien importante y ha visto lo que el dolor puede hacerte. Para él, querer de verdad se parece demasiado a arriesgarse a perder. Katia se esconde. Nico huye. Ella teme que no la elijan; él teme que elegir signifique perder algo que le importa. Y, cuando se encuentran, no solo tienen que descubrir si pueden quererse: también tienen que aprender a no escapar de todo lo que ese amor despierta en ellos.
P: – ¿El amor surge cuando dejamos de huir?
R: – En mi opinión, no. No creo que el amor surja cuando dejamos de huir, porque siento que está presente en cada persona, aunque a veces no sepamos reconocerlo. El problema es que lo cubrimos con capas de miedo: «¿Y si me muestro y no gusto? ¿Y si no me aceptan o se asustan cuando vean quién soy de verdad?». Por eso creo que el amor se hace más visible cuando dejamos de huir de nuestras propias sombras y de las ideas que nos impiden mostrarnos como somos. Para mí, el amor no se limita a la pareja. También está en lo que nos da alegría, sentido o bienestar: en un trabajo que disfrutamos, en un lugar que sentimos nuestro, en los vínculos que cuidamos. Está en las personas que amamos y en las que nos hacen sentir acompañados.
Cuando dejamos de huir, quizá no aparece algo nuevo; empezamos a permitirnos sentir y valorar lo que ya estaba ahí. Creo que siempre habrá algo que nos dé miedo. Pero, si dejamos que el amor también nos guíe, podemos vivir de una manera más real, auténtica y honesta. Para mí, es una de las fuerzas que mueven el mundo.
P: – ¿Incursionar en el género romántico fue pensado o surge como una necesidad creativa?
R: – Fue más una necesidad creativa. Una forma de darles espacio a todas esas emociones que yo no sabía ordenar de otra manera. Recuerdo el primer día que me senté frente al portátil y a una hoja en blanco. No sabía qué quería escribir ni había pensado en una historia concreta. Simplemente empecé. Sin darme cuenta, aparecieron personajes con problemas reales y heridas que necesitaban ser escuchadas. Sentí paz y sosiego al escribirlos, porque reconocí en ellos algo de mí. Ahí entendí que escribir podía ayudarme a dar forma a emociones que a veces callamos por miedo, vergüenza o temor a mostrarnos vulnerables. También comprendí que una historia podía ofrecer ese espacio a otras personas.
Cuando releo lo que he escrito y siento paz, me doy cuenta de que escribir sobre emociones también puede ayudar a alguien a ordenar su propio caos. Me gustaría que mis historias abrieran algo por dentro: que despertaran emociones o ayudaran a quien las lee a reconocerse en ellas. A veces resulta más fácil acercarnos a nuestras heridas, nuestros miedos, nuestras contradicciones y nuestros logros a través de personajes ficticios que mirándonos directamente. La ficción puede ser una manera más amable de ver lo que llevamos dentro, sin juzgarnos ni machacarnos tanto.
P: – Se suele pensar que la novela romántica es leída por mujeres. ¿Eso es así? ¿Hay machismo en esa actitud?
R: – Por lo que veo a mi alrededor, la novela romántica suele tener más presencia entre lectoras. Pero no creo que eso se explique por una diferencia esencial entre el cerebro de hombres y mujeres. Creo que influyen la educación, los modelos con los que crecemos y ciertas ideas que han hecho que hablar de emociones parezca menos aceptable para los hombres. Durante mucho tiempo, a muchos hombres se les ha transmitido que deben mostrarse firmes, seguros e invulnerables. Como si expresar lo que sienten pudiera hacerlos parecer débiles o menos hombres. Esa idea sigue presente, aunque cada vez veo más espacios para hablar de la vulnerabilidad con naturalidad. He visto a hombres llorar cuando algo importante les ha dolido, cuando han vivido una traición, un desamor o una pérdida. Me parece algo precioso. La vulnerabilidad, venga de un hombre o de una mujer, es una de las cosas más humanas que tenemos.
También he recibido mensajes de lectores masculinos que me cuentan lo que han sentido al leer mis novelas. Me emociona comprobar que estas historias también pueden llegarles profundamente. Creo que algunos hombres leen romántica, pero quizá les cuesta decirlo en voz alta por miedo a ser juzgados o porque todavía se considera un género menor. En mis novelas me gusta mostrar esa vulnerabilidad en los personajes masculinos. Creo que es una de las razones por las que muchas lectoras se enamoran de ellos: porque pueden ser fuertes y, al mismo tiempo, permitirse sentir.
P: – ¿Te mantendrás escribiendo este género?
R: – De momento, sí. Acabo de iniciar mi carrera como escritora y quiero consolidarme dentro de la novela romántica, encontrar mi espacio y conectar con lectoras que disfruten de estas historias. Pero no estoy cerrada a probar otros géneros en el futuro. Soy curiosa, creativa y siempre necesito nuevos retos. Aunque apenas estoy empezando en la romántica, mi cabeza ya viaja hacia otros escenarios: el thriller, el misterio e incluso el Romantasy me llaman mucho la atención. Aun así, todavía tengo varias historias que contar dentro del género en el que escribo ahora. Quién sabe. Hace dos años ni siquiera me habría planteado ser escritora. A veces la vida te conduce por caminos que no imaginabas y te das cuenta de que estás ahí cuando llega el momento. Puede que algún día escriba una historia de Romantasy, un thriller o una novela de misterio. Eso sí: sea cual sea el género, seguro que habrá sentimientos implicados. Es algo que no puedo evitar.
MADRID, ESPAÑA
Octubre, 2026
