Entrevista a la psicóloga y escritora Laura París Mejía:
“Cuando una persona aprende a habitar su presente, recupera una parte muy importante de su capacidad para orientar su vida”

Laura París Mejía (Bogotá, Colombia, 1986) es psicóloga, escritora, creadora de un método de gestión emocional y también de Casa Siqui, una convicción suya de sacar la psicología a la calle, un lugar, según asegura, en donde siempre ha estado. Su trabajo parte de lo que denomina Psicología Consciente.

La autora del libro “Estar donde estoy” afirma que “Me gustaría pensar en una sociedad en la que hablar de lo que sentimos no sea visto como una señal de debilidad y en la que buscar ayuda no tenga que ser el último recurso”.
Por: Verónica Moreno.
Pregunta: – ¿Quién asume el presente orienta su vida?
Respuesta: – Asumir el presente es dejar de gastar nuestra energía intentando estar en un lugar distinto al que realmente estamos. Muchas veces vivimos pensando en lo que ya pasó, en lo que pudo haber sido o en lo que esperamos que suceda, y mientras hacemos eso dejamos de vivir nuestra experiencia presente.
Cuando realmente asumimos dónde estamos, podemos empezar a tomar decisiones desde la realidad y no desde la resistencia. Podemos reconocer que necesitamos, qué queremos cambiar, qué debemos aceptar y hacia dónde queremos dirigirnos. Para mí, estar donde estoy no significa conformarme; significa reconocer mi punto de partida para poder elegir conscientemente mi siguiente paso.
Creo que cuando una persona aprende a habitar su presente, recupera una parte muy importante de su capacidad para orientar su vida. Ya no reacciona solamente frente a lo que ocurre, sino que empieza a preguntarse qué puede hacer con aquello que está viviendo. Y es ahí donde el presente deja de ser simplemente un momento y se convierte en el punto desde el cual podemos construir nuestra vida.
P: – Socialmente, desde distintas direcciones, pareciera que se nos invitara a vivir el pasado o el futuro. ¿Por qué esta desubicación con el presente?
R: – El presente es un lugar que exige esfuerzo y aprendizaje constante. Habitarlo requiere disciplina para poder acercarnos a nuestra realidad con calma y claridad, porque no siempre resulta cómodo mirar lo que está ocurriendo sin intentar escapar hacia el pasado o anticiparnos al futuro. Durante mucho tiempo hemos aprendido a buscar afuera las explicaciones de nuestras recompensas y de nuestras consecuencias: culpamos a otras personas, al entorno o a las circunstancias por aquello que vivimos. Y aunque nuestro entorno influye en nuestra vida, quedarnos únicamente en esa explicación puede desconectarnos de nuestra propia realidad, porque dejamos de preguntarnos qué parte de lo que estamos viviendo podemos comprender, asumir o transformar.
Estar donde estoy implica justamente hacer ese ejercicio: reconocer la realidad sin negarla, sin culparla y sin intentar modificarla antes de comprenderla. Requiere aprender a observar lo que sucede, reconocer cómo estoy participando en ello y, desde ahí, decidir qué puedo hacer.
Por eso habitar el presente no es simplemente estar en el aquí y el ahora. Es desarrollar la capacidad de encontrarnos con nuestra realidad tal como es, aprender de ella y asumir el lugar desde el cual podemos comenzar a construir el siguiente paso.
P: – ¿Tu libro Estar donde estoy es una invitación a asumir el presente?
R: – Sí. Estar donde estoy es una invitación a asumir el presente, entendiendo que hay muchas situaciones que no tenemos la capacidad de comprender y desde la posibilidad de vivirlas con gratitud y apertura al aprendizaje.
En este proceso aparece uno de los conceptos más importantes que he desarrollado en mi propuesta: la importancia de cultivar como humanidad creencias convenientes colectivas, cuya función primordial es ayudarnos a relacionarnos mejor con nuestro presente, sin cambiar nuestra realidad, pero sí modificando la manera en que pensamos sobre ella. Esto abre la posibilidad de construir un vínculo más tranquilo y confiable con nuestra propia vida.
Un gran ejemplo, que se desarrolla en el capítulo 20, es nuestra conexión con la tan temida muerte. Desde las ideas que se plantean en Estar donde estoy, deberíamos empezar a creer que todo tiene un orden y un equilibrio, aun cuando nosotros no logremos entenderlo. Quizá, si desde pequeños se nos enseñara que la muerte es sabia y está guiada por la fuerza de una inteligencia superior, sería más fácil para nosotros comprender este concepto. Sin embargo, como sociedad hemos construido ideas que no nos convienen y, desde niños, nos han enseñado a temer aquello que desconocemos, olvidando que también tenemos la posibilidad de explicarlo desde el amor y la confianza.
Por eso, asumir el presente también implica revisar las historias desde las cuales interpretamos nuestra realidad y reconocer cuáles pueden ayudarnos, como humanidad, a relacionarnos con ella de una manera más favorable.
P: – Tú viviste un difícil proceso de ansiedad y depresión. ¿Cómo lo superaste?
R: – La respuesta más honesta es que he aprendido a crear ideas convenientes sobre todo lo que me ha pasado y a asumir mi presente desde el amor. No ha sido fácil. Hablarme a mí misma y contarme nuevamente las historias que más me dolieron desde una perspectiva más adulta y equilibrada, sin intentar encontrar culpables ni poniéndome en el papel de víctima, ha sido una capacitación constante que ha requerido mucha disciplina.
Dentro de mis conceptos emocionales y el método SIQUI, explico que la ansiedad puede relacionarse con nuestra niña interior y la depresión con nuestro adolescente, entendiendo estos estados como parte de los procesos naturales por los que los humanos debemos transitar. Esta es una de las creencias convenientes más interesantes que he construido, porque relacionarme con mi ansiedad con tranquilidad y contención, como si estuviera acompañando a una niña, y poder conversar con mi depresión como si estuviera hablando con un adolescente, ha hecho que mi proceso de transformación sea incluso disfrutable.
Dejar de identificarme completamente con estas sensaciones y aprender a observarlas como estados que puedo acompañar ha hecho que el proceso sea más interesante y menos dramático. Esta es, en parte, la esencia del método SIQUI que practico desde hace ocho años y que me ha permitido vivir mi vida desde una perspectiva completamente diferente, no desde la perfección, pero si desde el amor al proceso.
P: – ¿Estudiar psicología te ayudó a comprender tu realidad?
R: – Cuando decidí estudiar Psicología lo hice con el único fin de ayudarme a mí misma. En mi plan no estaba dar terapia ni crear métodos de inteligencia emocional. La verdad es que trabajaba en una corporación familiar en la cual pretendía jubilarme, pero la vida tenía otros planes.
Según mi plan inicial, yo quería ayudarme a mí misma con lo que creía que era una depresión profunda que me acompañaba desde que tenía 14 años. Tenía ideas complicadas sobre mi existencia y preguntas difíciles de resolver. Sin embargo, al estudiar descubrí que mi tema no era solamente la depresión. Resultó que las veces que yo llegaba a la depresión, ya había pasado por la ansiedad con la misma intensidad. Es decir, empecé a entender que existía una relación entre ambas y que, en mi caso, mientras más espacio le daba a la ansiedad y más familiar me resultaba vivir desde ella, más difícil se hacía salir de la depresión. Eso me llevó a pensar que, muy seguramente, así como me ocurría a mí, muchas personas podían creer que solo tenían ansiedad o depresión, sin detenerse a observar cómo se relacionaban estos dos estados dentro de su propia experiencia. Yo empecé a entender que quizás no se trataba solamente de tener una u otra, sino de que podíamos llegar a sentirnos más cómodos o familiarizados con una de ellas y, desde ahí, terminar alimentando la otra.
Ese descubrimiento cambió completamente la manera en la que empecé a comprender mi propia realidad y, posteriormente, se convirtió en el punto de partida de muchas de las ideas que hoy hacen parte de mi trabajo.
P: – ¿Este libro tiene algo de tu propio aprendizaje?
R: – Sí, realmente este libro tiene mucho de mi propio aprendizaje. Gran parte de lo que escribo nace de cosas que primero tuve que entender en mi propia vida. Durante muchos años intenté encontrar respuestas afuera, tratando de comprender por qué me sentía de determinada manera, por qué algunas situaciones se repetían o por qué me costaba tanto aceptar ciertas partes de mi realidad.
Con el tiempo entendí que muchas de las respuestas no estaban necesariamente en cambiar lo que había vivido, sino en aprender a interpretarlo de una manera diferente. Tuve que regresar a mi historia muchas veces, observarla desde otros lugares y construir ideas más convenientes sobre aquello que no podía modificar.
Creo que uno de mis mayores aprendizajes ha sido entender que mi realidad no siempre tiene que gustarme para poder asumirla. Hay situaciones, decisiones y experiencias que forman parte de mi historia y que no puedo cambiar, pero sí puedo decidir desde dónde las miro y qué hago con ellas en mi presente. Por eso este libro no está escrito solamente desde lo que he estudiado como psicóloga, sino también desde lo que he tenido que practicar como persona. Muchas de las cosas que propongo aquí primero las necesité yo. He tenido que aprender a estar donde estoy, a reconocer mis emociones, a relacionarme de una manera diferente con mi pasado y, sobre todo, a dejar de esperar que mi realidad cambie para poder encontrar calma dentro de ella. En ese sentido, el libro también cuenta una parte de mi propio proceso. No porque mi experiencia sea igual a la de quien lo lea, sino porque muchas de las ideas que hoy comparto nacieron de preguntas que alguna vez necesité responderme a mí misma.
P: – ¿La ansiedad es una posibilidad constante o se puede superar de manera definitiva?
R: – Como yo la veo, la ansiedad es un estado por el cual tendremos que transitar durante diferentes momentos de nuestra vida. Por eso, para mí, lo importante no es pensar necesariamente en eliminarla de manera definitiva, sino en aprender a llevarnos mejor con ella. La ansiedad puede aparecer como una respuesta ante diferentes situaciones y lo importante es aprender a reconocerla sin permitir que nos gobierne ni identificarnos al cien por ciento con aquello que estamos sintiendo en ese momento.
Desde el método SIQUI aprendemos a comunicarnos con la ansiedad como si fuera una niña pequeña que necesita de nuestra calma y nuestra presencia. No se trata de pelear con ella, rechazarla o dejar que tome el control, sino de aprender a escuchar qué está tratando de decirnos y acompañarla desde un lugar más tranquilo.
Para mí, superar la ansiedad no significa que nunca volvamos a sentirla. Significa aprender a relacionarnos con ella de una manera diferente, entendiendo que puede estar presente sin tener que dirigir nuestra vida.
P: – Eres creadora de un método de gestión emocional. Hablas de Psicología Consciente y fundaste Casa Siqui. ¿Sacaste la psicología a la calle en beneficio colectivo?
R: – Sí, creo que la Psicología vive en todos lados. Las emociones nos acompañan todo el tiempo, no solamente cuando estamos en un consultorio o cuando sentimos que tenemos un problema. Están presentes en nuestra manera de trabajar, de relacionarnos, de tomar decisiones, de emprender y de vivir. Por eso considero que nos conviene empezar a llevarlas a todos lados, con presencia y atención.
El método de gestión emocional nace precisamente de esa necesidad: aprender a comprender lo que sentimos y a relacionarnos con nuestras emociones de una manera diferente, entendiendo que hacen parte de nuestra vida y que necesitamos aprender a gestionarlas y vivir en constante comunicación con ellas.
La Psicología Consciente es la propuesta desde la cual he ido desarrollando esta manera de entender las emociones. Busca llevar estos aprendizajes a diferentes espacios de la vida cotidiana, para que podamos observar nuestra realidad y nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros entornos de desarrollo desde una forma más conveniente. Y Casa SIQUI es una forma de llevar todo esto a un espacio colectivo. Es una comunidad empresarial sostenible donde confluyen emprendimiento, bienestar y desarrollo humano. Allí la Psicología se encuentra con la vida cotidiana, con los proyectos, con el trabajo, con las relaciones y con la economía.
Por eso, cuando me preguntan si saqué la Psicología a la calle, diría que sí, pero porque entendí que realmente siempre ha estado allí. La Psicología vive en todos lados porque las emociones viven con nosotros. Mi propuesta es que empecemos a llevarlas a todos esos lugares con mayor presencia, aprendiendo a reconocerlas, comprenderlas y gestionarlas mientras vivimos nuestra vida.
P: – ¿Visualizas una sociedad futura más responsable con la salud mental?
R: – Sí, aunque creo que todavía tenemos mucho por aprender, también creo que cada vez somos más conscientes de la importancia de hacerlo. Y ahí es donde encuentro mi propósito: aportar, desde la Psicología, herramientas que puedan acercarnos a una manera diferente de vivir nuestras emociones y nuestra realidad.
Me gustaría pensar en una sociedad en la que hablar de lo que sentimos no sea visto como una señal de debilidad y en la que buscar ayuda no tenga que ser el último recurso. Una sociedad que entienda que cuidar nuestra salud mental también implica aprender a relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestros entornos de una manera más conveniente.
COLOMBIA
Octubre, 2026