• Inicio
  • Arte & Cultura
  • Personajes
  • Eventos
  • Destacados
  • Presencia Conarte
  • Cine
  • Música
  • Más Categorías
    • Literatura
    • Danza & Teatro
    • Turismo
    • Tendencias
    • Enogastronomía
    • Convocatorias
    • Educación

Síguenos en Redes

Presencia Conarte

View

Ilan Chester llenará de emoción a Chacao con un concierto especial por el Día de las Madres

13 mayo, 2025

View

Entrevista exclusiva con la escritora Concepción Hernández: “Vivimos amarrados a viejos patrones de pensamiento”.

5 diciembre, 2024

View

Nelson Arrieta regresa a España: un concierto imperdible en Madrid

13 noviembre, 2024

View

La Alfombra Roja de los premios “Influencer icono”.

21 junio, 2024

 
Correo Cultural
  • Inicio
  • Arte & Cultura
  • Personajes
  • Eventos
  • Cine
  • Música
  • Otros
    • Literatura
    • Danza & Teatro
    • Turismo
    • Tendencias
    • Enogastronomia
    • Convocatorias
    • Educación
Correo Cultural
  • Inicio
  • Arte & Cultura
  • Personajes
  • Eventos
  • Cine
  • Música
  • Otros
    • Literatura
    • Danza & Teatro
    • Turismo
    • Tendencias
    • Enogastronomia
    • Convocatorias
    • Educación

In Eventos, Literatura

Adelanto editorial de la novela “Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte”, de Ariadna Tuxell

17 julio, 2026

Adelanto editorial de la novela “Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte”, de Ariadna Tuxell Pin It

 

Adelanto editorial de la novela

“Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte”,

de

Ariadna Tuxell

 

 

La escritora catalana, considerada la reina del dark romance en español, nos presenta en exclusiva unas páginas de su nueva novela, una historia de amor intensa que cautiva a los lectores. Mía es una mujer de treinta y un años que creía tener su vida bajo control; en verano trabaja como animadora en un camping, fiestas y espectáculos la mantienen en otra realidad. Pero un día, todo cambia cuando regresa el amor que ella creyó dejar en el pasado.

 

Ariadna Tuxell

 

Estoy en la plaza central haciendo manualidades con niños de hasta doce años. Hemos puesto varias mesas repletas de artículos de papelería para que coloreen, recorten, peguen y se entretengan un rato. La actividad de hoy, para quien quiera hacerla, es pintar una huevera consiguiendo que parezca un animal. La mayoría suele hacer, debido a las grandes dimensiones de la boca del bicho en cuestión, un hipopótamo, un cocodrilo o un dragón, pero los hay que, al más puro estilo picassiano, se lían a dar brochazos, y acaba ante ti el cartón empapado de pintura con una obra de arte tan abstracta que te impide reconocer qué animalillo ha pintado el niño en cuestión. En esos casos, les digo que añadan un poco de purpurina bien brillante, que eso siempre ayuda, pues el «brilli brilli» suele realzar la belleza de muchos objetos.

 

 

Escucho a un hombre llamar a grito pelao a un crío, imagino que será su hijo, el cual ha salido corriendo mientras ríe con cara de malo ignorándole por completo. Sonrío ante semejante escena, pero la sonrisa desaparece de mis labios a la velocidad de la luz al darme cuenta de que el hombre que corre tras ese pequeño diablillo es mi ex… Sí, el que no quería ser padre y lo dejamos precisamente por ese motivo…

 

Me quedo petrificada al observar que también lleva a otro niño en brazos. Su gesto es serio y se le ve molesto e incluso enfadado. Consigue alcanzar al pequeño kamikaze y lo agarra del brazo tirando de su cuerpecito hacia él.

 

—¡Te tengo dicho que no salgas corriendo y que debes obedecer cuando papá o mamá te decimos que no corras! —exclama resoplando.

 

—¡Pero es que quiero ir a pintar con esos niños! —se queja el crío tirando con fuerza intentando liberarse.

 

—¡Te he dicho que no! Ahora nos vamos a la piscina a darnos un chapuzón y ya, si eso, luego pintas un rato.

 

—¡Yo quiero pintar ahora! —insiste el pequeño.

 

—¡Y yo también! —añade el otro niño retorciéndose como una lagartija queriendo que sus pies toquen el suelo.

 

—¡No! He quedado con vuestra madre en la puerta de la piscina y es hacia a donde vamos.

 

—¡Joooo! ¡No me apetece bañarme, yo quiero pintar!

 

—¡Y yoooo!

 

—Joder, mira que sois pesados… Luego venimos a pintar, dejadme que me refresque un poco, que me tenéis agotado perdido y estoy sudando.

 

—¡Pues báñate tú! —espeta el que estaba corriendo y vuelve a echar otra carrerita.

 

—Jodío niño… ¡Que te he dicho que no corras y que me hagas caso! —vuelve a decir, esta vez mostrando un nivel mayor de resignación—. ¡¿Y tú dónde vas?! —grita al ver que ahora el otro también se dirige hacia una de las mesas.

 

No doy crédito a lo que están viendo mis ojos y observo con descaro lo que a continuación sucede ante mis narices. Los hermanos se sientan junto a varios niños de más o menos su misma edad para ver qué están haciendo.

 

—Si queréis pintar, tenéis que ir donde está esa chica para que os explique lo que hay que hacer y os dé el material necesario.

 

—Gracias —responden los dos al unísono a la niña que les ha facilitado semejante información tan relevante y de suma importancia.

 

El par de dos, de no más de cinco años, caminan con paso firme y decidido hacia donde yo me encuentro. No puedo apartar la mirada de Bruno, mi ex, que parece que me acaba de ver, y, por la expresión de su cara, diría que está viendo al fantasma de la mismísima Carmen de Mairena, que en paz descanse. Se va acercando despacio, seguramente maldiciendo este momento tan incómodo.

 

—¿Mía? ¿Qué haces aquí? —pregunta al ver que voy vestida con el uniforme del equipo de animación.

 

—Hola, Bruno, ¿qué tal estás? Yo también me alegro mucho de verte… Por si se te había olvidado, que veo que sí, llevo trabajando aquí nueve años… —respondo sorprendida, pues ya cuando éramos pareja yo formaba parte de esta maravillosa familia.

 

—Sí, pero no sé quién me dijo que te habías ido a vivir a Londres, o no sé adónde, con tu novio porque él trabaja fuera de España.

 

—Pues no, tu fuente te informó mal. Tal y como puedes comprobar, sigo trabajando en este bonito lugar.

 

—Papi, papi, ¿nos dejas pintar un ratito? —preguntan los dos.

 

—A buenas horas me pedís permiso… —responde dando un fuerte suspiro.

 

—¿Papi? —le recrimino con sorna, todavía sin creerme lo que estoy viviendo.

 

—Sí, es nuestro papi, nosotros somos gemelos y tenemos cuatro años, y nuestra mamá está embarazada y en su barrigota vive un bebé de siete meses —me explican ellos muy dispuestos.

 

Abro en exceso los ojos y vuelvo a mirar al padre de las criaturas.

 

—No veas, y eso que no querías ser padre… ¿Qué pasa, que tu mujer es del Opus y te ha obligado a preñarla por lo menos ocho veces? —sentencio mofándome.

 

—Menos cachondeíto, guapa… En ocasiones suceden estas cosas llamadas «desliz» —responde él a la defensiva.

 

—Sí, y también existen los preservativos, aquellos que utilizabas conmigo para evitar precisamente esto —le digo señalando a sus pequeños mocosos, los cuales están cogiendo cada uno una huevera y se van sin más junto a su nueva amiguita que está pintando con mucho esmero.

 

—Los dragones no son rosa, son de color verde —le informa uno de ellos a la ilusionada artista.

 

—¿Acaso has visto tú alguna vez un dragón? —responde ella con una chulería que no le cabe en su pequeño cuerpecito.

 

—No.

 

—Pues eso, el día que veas uno, vienes y me cuentas cómo era, mientras tanto, seguiré pintando mi dragona del color que quiera, y esta quiero que sea rosa con las alas fucsia —le suelta la muy vacilona.

 

A mí se me escapa la risa debido al comentario de la pequeñaja y veo que Bruno pone los ojos en blanco.

 

—¡Mami, estamos aquí! —grita uno de los niños moviendo los brazos para que su madre sepa dónde están sus hijitos.

 

—La que faltaba… —murmura con desgana mi incómodo ex. Observo a la mujer que está viniendo y veo que tiene una barriga igual de grande que una plaza de toros.

 

—¿Tú qué pasa, que siempre haces los niños repetidos? ¿Cuantísimos bebés lleva esa mujer ahí dentro? —pregunto extrañada al ver las dimensiones de su vientre.

 

—Espero y deseo que solamente lleve uno, tal y como se ve en las ecografías, porque te garantizo que mi nivel de paciencia está saturadito y no soportaría tener otra pareja de gemelos… —responde resoplando.

 

—No veas, telita con el dichoso karma lo cabrón que llega a ser… —añado aguantándome la risa para no herir demasiado su sensibilidad. ¿Qué estoy diciendo? ¡Anda y que se fastidie! ¿Que no quieres sopa? Pues toma, dos platos.

 

La chica camina con cierta dificultad debido a que tiene las piernas y los tobillos muy hinchados, e imagino que el calor que está haciendo no le facilita demasiado los movimientos. Al llegar, acaricia las mejillas de sus hijos viendo lo que están haciendo.

 

—Pero qué bonito os está quedando, ¿no? ¡Me encanta! —les dice observando la poca distancia que hay ahora mismo entre Bruno y yo y que ambos la estamos mirando sin apenas parpadear, o al menos yo—. Ahora vuelvo, chiquis.

 

Me mira, camina hacia nosotros, y agarrando a su hombre con posesividad por la cintura, me saluda mostrando una falsa sonrisa.

 

—Hola, soy Ingrid, su mujer y la madre de sus hijos. ¿Tú eres…?

 

—Hola, Ingrid, encantada de conocerte, soy Mía, miembro del equipo de animación de este espectacular camping. Vuestros hijos están haciendo unos dragones preciosos.

 

—¿Os conocéis? —pregunta sin más.

 

—Es mi ex —responde él sin dar rodeo alguno.

 

—Ah… ¿Y ya sabías que trabaja aquí?

 

—No, nos acabamos de reencontrar tras… ¿Cuánto tiempo hacía que no nos veíamos? —me pregunta quitándole importancia a la incomodidad del momento.

 

—No lo recuerdo muy bien porque soy un desastre con las fechas, pero diría que unos seis años, ¿no? —respondo con indiferencia sabiendo perfectamente el tiempo que hace que me tuve que despedir de mi amorcito, pero ni bajo tortura pienso admitirlo. Me resulta imposible olvidar cuándo fue la última vez que besé esos carnosos labios, ni cuándo dejé de acariciar sus fuertes pectorales o cuándo mi mirada se fundió con la suya el día que nos dijimos adiós… De eso hace exactamente seis años y tres meses, y si pienso un poco, puedo decir incluso los días. Pero está claro que no quiero aparentar ser una pobre infeliz que ve a su querido ex, al que amó con auténtica devoción, y parecer una perdedora-patética-pringada, es decir; la triple pe.

 

—Veo que la vida te trata muy bien y que has creado tu propia familia —le digo con educación.

 

—Sí, no me puedo quejar —comenta pasando un brazo por los hombros de su esposa, la cual le tiene bien sujeto dejándome claro que el macho en cuestión le pertenece a ella.

 

—¿Tú tienes hijos, Mía? —me pregunta acariciándose la barriga.

 

—No, aún no. Mi chico y yo estamos bastante volcados en nuestros trabajos y por el momento no nos lo hemos planteado, pero deduzco que no tardaremos demasiado.

 

—Te lo recomiendo, no sabes cuánto, es lo mejor que una mujer puede hacer en la vida; traer bebés al mundo. Nosotros no descartamos tener algún que otro hijo más —asegura ella.

 

—Bueno, bueno, no quieras correr tanto, primero que nazca nuestra princesita y ya veremos si con ella ponemos el punto y final.

 

—Sabes que no será así —lo reta ella.

 

—Cariño, quizás no es el mejor momento para hablar de estas cosas, pero ya sabes que tengo en mente operarme para no procrear más, que la media española es de uno coma veinticuatro hijos y yo ya llevo tres…

 

—Que sí, que sí, ya lo hablaremos con más calma, pero la idea de operarte te la vas quitando de la cabeza. —Él vuelve a poner los ojos en blanco resoplando con resignación—. ¿Qué hay más hermoso que una casa llenita de niños correteando por el jardín? —continúa ella fantaseando.

 

—Exacto, pero es que resulta que vivimos en un piso de ochenta metros cuadrados con un balcón como esta mesa de grande y no en una enorme casa con jardín.

 

—Tiempo al tiempo, mi amor, solo depende de nosotros que alcancemos esa meta y cumplamos nuestros sueños. La casa ya llegará, pero el resto de niños también llegarán, y lo sabes —asegura ella guiñándole un ojo y sonriendo con cara de traviesa.

 

—Pero es que resulta que el dinero no cae del cielo y tooodo cuesta muchísimo —se queja él.

 

—Tengo entendido que cuando una pareja tiene cuatro hijos, o más, y se convierten en una familia numerosa especial, disponen de un montón de ayudas y de becas. Así que ya sabéis, chicos, no hay tres sin cuatro. ¡¿Quién dijo miedo?! Ya no va de uno y las ventajas serán considerables —sentencio siendo ahora yo la que le guiña un ojo a Bruno.

 

A ella se le dibuja una sonrisita en los labios.

 

—Eso mismo pienso yo, pero cuando se lo comento, no me cree y dice que con tres tiene más que suficiente.

 

—No seas así, hombre, que a la muchacha le hace ilusión formar una gran familia contigo. Ya verás cuando seas viejito y tengas a tantas personas preocupándose por ti cuidándote y dándote toneladas de amor. Y por no hablar del montón de nietos que tendréis… ¡Qué bonito! Imagínatelo, toooda tu vida rodeado de pequeñas personitas dependientes tanto física como emocionalmente de ti diciéndote: «¡Papá, abuelo, eres el mejor del mundo!».

 

Él, al escuchar mi discurso y tener la certeza de que lo estoy haciendo para tocarle sus partes nobles a base de bien y a dos manos, entorna los ojos intentando desintegrarme con la mirada.

 

—Bueno, yo me voy a la piscina, ¿quién se viene? —pregunta él liberándose del abrazo de su mujer, y echándose la toalla al hombro empieza a caminar.

 

—Vamos niños, que vuestro padre se quiere dar un bañito.

 

—¡Noooo, aún no hemos terminado! —se quejan ellos.

 

—Luego seguís, que tengo las piernas muy hinchadas y necesito meterlas en el agua con urgencia. Hacedlo por mami… —les pide ella prácticamente en una súplica.

 

—¡No, hasta que no terminemos no nos movemos de aquí!

 

—Exacto, ¿no nos dices siempre que debemos terminar lo que empezamos? ¡Pues aplícate el cuento, chatina! —le suelta el otro.

 

—Aix, qué gracioso que es el puñetero, esa expresión la dice mi padre —comenta ella feliz como una perdiz—. Pues nada, va, terminad vuestra obra de arte y ya me bañaré más tarde —murmura resignada sentándose en uno de los bancos.

 

—Si quieres ir a la piscina puedes ir sin problema, me quedo yo con ellos. Son muchos los padres que aprovechan estos ratitos para dejar a sus pequeños monstruitos entretenidos y así poder aprovechar para hacer alguna otra actividad —le comento sin maldad alguna.

 

—¿Sí? ¿Se puede hacer eso? Ay, no sé, me sabe mal marcharme y dejarlos aquí solos sin nuestra supervisión… Aunque, bueno, veo que desde la piscina puedo controlar lo que hacen.

 

—Claro que sí. ¿Dónde te crees que están ahora mismo los padres de todos estos niños? —le digo sonriendo.

 

—Venga, va, me has convencido, pero si te dan guerra no dudes en mandarlos con nosotros, que son muy movidos y un poco bichitos, ¿verdad, mis niños? —les pregunta acariciando el pelo de los dos. —Aún no sé cómo me lo voy a montar cuando nazca «la terremoto» que está en camino, pues apunta maneras y no para quieta en tooodo el santo día —me explica colocando sus manos sobre su abultado vientre.

 

—Debe de ser una experiencia maravillosa, disfrútala al máximo.

 

—Se nota que tienes un gran instinto materno. ¿Cómo es que aún no eres madre?

 

—Pues, mira, no se ha dado el caso…

 

—¿Por qué dejasteis de ser pareja Bruno y tú?

 

—Precisamente por este tema, yo quería ser madre y él no, así que decidimos separar nuestros caminos para poder alcanzar cada uno sus objetivos. Y míranos ahora, él siendo el padre de tres criaturas y yo sin tener descendencia. Así de caprichosa y retorcida es la vida…

 

—Vaya, no lo sabía. Cuando me quedé embarazada, por un descuido de ambos, él me comentó que nunca se había planteado ser padre y que no es que le hiciera especial ilusión, pero tampoco quiso obligarme a abortar, así que decidimos continuar con el embarazo. Admito que no es el mejor padre del mundo, pero tampoco se le da nada mal y el pobre tiene mucha paciencia con ellos.

 

—¿Y con la niña qué pasó? ¿Otro descuido? —pregunto sonriendo.

 

—Noche de celebración y de borrachera… Ganó su equipo, imagino que sabes lo futbolero que es, y esa noche él también metió un gol.

 

A las dos se nos escapa la risa y siento pena por él.

 

—Vaya tela… Anda, va, ve a darte un bañito, que me duelen las piernas solo con mirarte. Ya entretengo yo a los críos, al fin y al cabo, me pagan para que haga esto.

 

Ella me mira dubitativa, pero tras darle un beso a sus hijos y decirles que estará en la piscina con papá y que vayan con ellos cuando terminen, se va dedicándome una bonita sonrisa.

 

¡Joder, la de vueltas que da la vida! Sigo a lo mío y voy ayudando a los más pequeños para que les dé tiempo a finalizar sus preciosas obras de arte. Reconozco que en momentos así me siento la niña que un día fui, y que en cierta manera jamás he dejado de ser, y me lo paso genial jugando con ellos.

 

Algunos padres van viniendo a recoger a sus hijos, y, al levantar la mirada, veo que Bruno se está acercando mientras se seca con la toalla su musculoso y atlético cuerpo. ¡No veas cómo está el señorito! Sigue estando igual de buenorro que antes… Intento disimular, puesto que no me extrañaría que Ingrid nos esté observando y paso de tener problemas en el trabajo, y en cualquier apartado de mi vida, así que continúo con la manualidad que estoy haciendo.

 

—Venga, chicos, id terminando ya, que mamá quiere jugar con vosotros un rato en el agua y aún tenemos pendiente tirarnos por el tobogán.

 

—¡Sííí, el tobogán! —exclaman los dos al unísono.

 

—¿Estáis seguros de que vais a ser capaces de tiraros por ese tobogán taaan grandote? —les digo sonriendo.

 

—Claro que sí, nosotros somos muy valientes y no nos da miedo nada —responde el más movido.

 

—No me lo creo, eso tengo que verlo yo con mis propios ojos —les reto.

 

—Papi, ¿a qué somos supervalientes?

 

—Sí, sí, los de Patrulla Canina son unos meros aficionados a vuestro lado, dónde va a parar… —se burla él.

 

—Ya has oído a nuestro padre, y si no nos crees, mira y aprende, chavala —me dice el otro, que a vacilón poca gente le gana.

 

—No veas con tus «miniyos», apuntan maneras… —le digo a su padre riendo—. En diez minutos empieza una clase de aerobic en el agua y la doy yo, así que estaré pendiente de si sois capaces de tiraros por el tobogán o no.

 

—Por supuesto que nos vamos a tirar, y de cabeza si hace falta.

 

—Hijo mío, no te me vengas tan arriba que te pierde la boquita esa tan bonita que tú tienes. Gracias por quedarte con ellos este rato, nos ha ido muy bien desconectar unos minutos.

 

—Para eso estamos el servicio de animación. Nos vemos, chicos —canturreo mientras empiezo a recoger las mesas para no llegar tarde a la clase en la piscina.

 

Ariadna Tuxell

Madrid, España

Julio, 2026

Compártelo:

  • Haz clic para compartir en Twitter (Se abre en una ventana nueva)
  • Haz clic para compartir en Facebook (Se abre en una ventana nueva)

Relacionado

#Amor#AriadnaTuxell#BookLovers#Bookstagram#CorreoCultural#DarkRomance#LeerEsVivir#NovedadEditorial#NovelaRomántica#Reencuentros#Romance#SegundasOportunidadesLecturalibrosLiteratura
Share

You may also like

View Post

John Petrizzelli presenta “Los oficios” en la Librería Los Pequeños Seres.

View Post

Malba presenta una agenda cultural que une arte, cine y literatura.

View Post

Juanes lanza su nuevo sencillo “Hagamos Que”.

View Post

Una historia para la diáspora: el libro infantil ¿Venezolano, yo? inicia gira en España.

View Post

Julio en Casa Santa Ana.

View Post

EL RÍO SUENA EN LA CUEVA: Jordan Salama llegó a Barranquilla.

View Post

Lo aparente, lo real y el testigo de concreto: Una mirada a la Caracas de Adrián Pujol

View Post

Desarraigo y soledad en la era digital: sobre la novela ‘Apartamentos Géminis’, de Julio Hardisson

Previous Post

David Appleton presenta “No…

In Eventos

David Appleton presenta “No Me Dejes Ir”: una canción sobre el amor, la vulnerabilidad y las segundas oportunidades.

View Post

Síguenos en Redes

Facebook

Últimas noticias

View

Adelanto editorial de la novela “Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte”, de Ariadna Tuxell

17 julio, 2026

View

David Appleton presenta “No Me Dejes Ir”: una canción sobre el amor, la vulnerabilidad y las segundas oportunidades.

14 julio, 2026

View

El making of de un libro sobre la mujer, el agotamiento y el regreso a una misma.

14 julio, 2026

View

La emblemática Orquesta Guayacán celebra 40 Años de historia y trae su ‘Salsa de Barrio Caleño’ a los Estados Unidos

13 julio, 2026

Correo Cultural
  • Inicio
  • Somos
  • ¿Eres bueno escribiendo?
    • Internacionales
  • Boletín
  • Contacto

© 2006 - 2019   Correo Cultural - Todos los derechos reservados.

 

Cargando comentarios...