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In Eventos, Literatura, Personajes

Concha Huerta de Soto, autora del libro Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer.

17 septiembre, 2026

Concha Huerta de Soto, autora del libro Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer. Pin It

Concha Huerta de Soto, autora del libro Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer:

“Lo que comenzó como una necesidad de recuperación se transformó en un viaje fascinante de autoconocimiento y aprendizaje”

 

 

 

Concha Huerta de Soto no se conformó con superar un cáncer. Hoy su experiencia se ha convertido en un mensaje de esperanza en expansión, no solo para quienes padecen la enfermedad, sino para todas las personas que la leen y la escuchan, pues tras su proceso de sanación profundizó en investigar una forma de vida sana que permitiera el bienestar en alimentación y actitud. Desde el objetivo de vivir una longevidad luminosa, la autora, que también es abogada, creativa de cine y televisión, emprendedora y diseñadora de modas, transmite una energía que contagia.

 

Por: José Luis Betancourt.

 

 Concha Huerta de Soto  

 

Pregunta: – ¿Quién era Concha Huerta de Soto antes de que le diagnosticaran un linfoma?

 

Respuesta: – Antes del diagnóstico, yo era una profesional muy entregada a su trabajo, con una trayectoria intensamente orientada a la gestión, la creatividad y la reinvención dentro del sector audiovisual. Formada en Derecho y con un MBA, fui productora ejecutiva en Canal+ —donde dirigí la enciclopedia del cine español y produje decenas de cortometrajes— y más tarde asumí la dirección del departamento de cine español en Antena 3. Mi inquietud creativa me llevó también a estudiar Diseño de Moda y lanzar mi propia firma.

 

Me definía como una ejecutiva muy exigente conmigo misma, perfeccionista y acostumbrada a liderar equipos numerosos con un nivel de compromiso absoluto. Vivía volcada hacia afuera, priorizando siempre la excelencia profesional y dando por hecho que el cuerpo respondería sin problemas a cualquier nivel de exigencia.

 

Por debajo de ese ritmo constante, mi biología ya enviaba claras señales de desequilibrio. Convivía con desarreglos hormonales y una endometriosis severa que cada mes afectaba a mi energía y a mi bienestar. Tras someterme a varias intervenciones y a tratamientos cuyos químicos fueron sobrecargando mi sistema digestivo, yo continuaba al frente de mis responsabilidades sin reducir la marcha. Hasta que la vida decidió frenarme en seco.

 

P: – ¿La enfermedad te transformó por etapas?

 

R: – El primer impacto en 2006 supuso una parálisis total. Cuando te dan un diagnóstico tan grave —tras haber pasado un mes entero recibiendo un tratamiento equivocado para una supuesta alergia que resultó ser un linfoma—, tu vida entra en suspensión. De la noche a la mañana desaparecen las agendas, los proyectos ejecutivos y las prioridades habituales; todo tu horizonte se reduce a la necesidad de salir adelante.

 

A esa parálisis inicial le siguió una toma de conciencia movida por el amor y la responsabilidad. Seis años antes, mi hija había perdido a su padre de forma repentina por un infarto. La sola idea de dejarla sola en el mundo era algo que no me podía permitir. Decidí sacar fuerzas de flaqueza para colaborar activamente con los médicos, afrontando un protocolo de quimioterapia y radioterapia intenso.

 

La verdadera transformación vino después, en los años que tardé en recuperarme. Al recibir el alta, el tumor había remitido, pero mi cuerpo quedó profundamente debilitado. Entendí que la curación no terminaba en la puerta del hospital. Tuve que transformarme por etapas: primero recuperarme en el plano físico y digestivo, luego abordar la serenidad emocional y, finalmente, reconstruir mi propósito de vida sobre bases más conscientes.

 

P: – Una vez curada, te dices “quiero aprender a vivir mejor”. ¿En qué momento y cómo asumes esa consciencia?

 

R: – Ese cambio de mentalidad se produjo al concluir los tratamientos médicos. Los oncólogos confirmaron la remisión del linfoma, pero la realidad me mostraba el enorme peaje físico que había pagado: el sistema digestivo muy alterado, la función hepática resentida y el tórax dañado por la radiación. Entendí que si quería volver a la normalidad tendría que jugar un papel activo por mi parte.

 

Diseñé mi propio plan de acción y reuní a un equipo de profesionales en áreas de nutrición, fisioterapia y psicología. Sin embargo, descubrí un obstáculo importante: vivía con un temor constante a sufrir una recaída. Ese estado de alerta permanente mantenía mi sistema nervioso en tensión e impedía que mi organismo se recuperara adecuadamente.

 

Fue en ese momento cuando tomé conciencia de una paradoja evidente: contaba con formación universitaria en Derecho o Gestión Empresarial, pero desconocía los principios básicos del funcionamiento de mi propio organismo. Mi estilo de vida anterior, caracterizado por el estrés continuo y la falta de atención al descanso y la nutrición, me había perjudicado gravemente. Había decidido que iba a recuperarme del sin fin de efectos secundarios que me dejaron los tratamientos por lo que decidí informarme y educarme en el cuidado de mi propia salud.

 

P: – Inicias un arduo proceso de investigación. ¿En qué consistía y cómo lo organizas?

 

R: – Organicé el proceso de investigación con la misma metodología con la que encaraba mis proyectos profesionales. Mi oncólogo realizaba un seguimiento impecable para comprobar que el tumor no reapareciera, pero la tarea diaria de recuperar la vitalidad era una responsabilidad que debía asumir yo misma. Comencé estudiando la nutrición, buscando comprender la bioquímica de los alimentos de forma rigurosa y dejar atrás temores infundados.

 

Posteriormente, me adentré en la psicología y la neurociencia. Comprendí que el estrés y la ansiedad tenían un impacto directo en mi sistema inmunitario. Como persona altamente sensible (PAS), mi percepción del entorno y del dolor es especialmente intensa. La práctica del yoga y la meditación me ayudó a pacificar la mente, descubriendo cómo la autorregulación emocional mejoraba de forma inmediata mis digestiones y mis niveles de energía.

 

Cada hallazgo me llevaba a profundizar en nuevas áreas como la anatomía, la microbioma o la epigenética. A lo largo de diez años estudié más de doscientos libros de divulgación y medicina integral, poniendo a prueba las recomendaciones que incluían en mi día a día. Lo que comenzó como una necesidad de recuperación se transformó en un viaje fascinante de autoconocimiento y aprendizaje.

P: – ¿Cuándo decides convertir en un libro tu experiencia?

 

R: – La decisión de escribir el libro surgió hace unos seis años, al consolidarse los resultados de todo ese proceso. Tras años aplicando las rutinas de nutrición, descanso y equilibrio emocional que había investigado, mi salud experimentó una mejoría muy notable. Mis propios médicos se mostraban gratamente sorprendidos por mi estado general y mi vitalidad, especialmente considerando mi historial clínico.

 

En esa época, solía compartir con entusiasmo mis descubrimientos con familiares y amigos. Al comprobar mi evolución y mi estado de ánimo, fueron ellos quienes me animaron a volcarlo por escrito para poder ayudar a más personas. Me hicieron ver que resumir diez años de investigación y vivencias en una guía clara podía de gran utilidad a quienes estuvieran pasando por procesos difíciles.

 

Comprendí que mi experiencia personal y todo el conocimiento científico recopilado podían tener un valor útil para la sociedad. Decidí volcar ese aprendizaje en el libro para acompañar al lector y demostrarle que, con la información adecuada y constancia, es posible recuperar el bienestar.

 

P: – Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer. El título parece un testimonio, un relato en sí mismo.

 

R: – La elección del título fue un proceso reflexivo. Inicialmente el libro se iba a titular simplemente Una nueva vida, pero mi editor me sugirió buscar una fórmula que reflejara mejor la esencia de mi transformación. Me invitó a definir con una sola palabra el estado en el que me encontraba, y la palabra que surgió de inmediato fue alegría.

 

Hoy vivo con un sentimiento profundo de gratitud por las cosas sencillas de cada día: despertar con energía, disfrutar del contacto con la naturaleza o compartir momentos con mis seres queridos. Por eso el título evolucionó a Nueva vida, nuevas alegrías: haber superado el cáncer no solo me dio una segunda oportunidad, sino la posibilidad de descubrir cada día nuevas alegrías.

 

El subtítulo, Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer, refleja la trayectoria de un proceso que se ha prolongado durante veinte años. No se trata solo de haber superado un diagnóstico clínico, sino de haber alcanzado un nivel de salud y equilibrio que ha superado con creces todas mis expectativas iniciales.

P: – Abres tu libro con una frase que impacta de entrada: «Nunca me he sentido mejor que después del cáncer».

 

R: – Esa frase condensa la esencia de mi transformación y representa el mensaje de esperanza más claro que puedo ofrecer. Entiendo que pueda resultar chocante a primera vista, ya que el cáncer se asocia inevitablemente al dolor y la incertidumbre. Sin embargo, en mi caso funcionó como un punto de inflexión definitivo para reordenar mi vida y cambiar lo que no funcionaba.

 

La enfermedad me enseñó a abandonar la autoexigencia desmedida, a priorizar mi salud y a cultivar una serenidad interior que antes no poseía. Además, me permitió descubrir una nueva vocación dedicada a divulgar y acompañar a otros en su proceso de autocuidado. Saber que mi experiencia puede ser útil para quienes atraviesan un momento difícil o de incertidumbre da un sentido profundo a todo lo que he vivido.

 

 

Por ello mantengo esa afirmación con serenidad. Hoy disfruto de más vitalidad, mejor salud y una mayor paz mental que en etapas anteriores de mi vida. La enfermedad puso fin a un estilo de vida que me perjudicaba, pero me dio las herramientas para construir una existencia mucho más consciente y equilibrada.

P: – ¿La enfermedad cambió tu perspectiva de la vida?

 

R: – La cambió por completo. El cáncer fue una llamada de atención ineludible sobre la necesidad de cuidar mi organismo. Me enseñó a valorar el cuerpo como la estructura fundamental que sostiene nuestra existencia y a tratarlo con el respeto y la atención que requiere. Al aprender a cuidarme, pasé de ser una persona frágil a alguien fuerte y capaz de aportar bienestar a mi entorno.

 

Asimismo, me ayudó a integrar una dimensión espiritual y de introspección que antes apenas practicaba.  Comprendí que debe existir un equilibrio entre el cuerpo, la mente y el estado emocional para que la salud se mantenga. En mi caso, la meditación y el yoga fueron herramientas clave para calmar el sistema nervioso y gestionar mi sensibilidad de forma constructiva.

 

La salud trasciende la mera ausencia de enfermedad; consiste en vivir con plenitud y tranquilidad. La vivencia del cáncer me enseñó a aceptar la incertidumbre y a valorar el momento presente con una actitud de constante gratitud.

 

P: – ¿Te escriben lectores a quienes les ha tocado de cerca la enfermedad o personas que quieren aprender a prevenir? ¿Hay distintos perfiles de interesados?

 

R: – El perfil de las personas que se acercan al libro es muy variado. Por un lado, están quienes acaban de recibir un diagnóstico o se encuentran en pleno tratamiento, así como sus familiares. Se dirigen a mí en las presentaciones para compartir sus inquietudes sobre la incertidumbre, el insomnio o el temor a la recaída. Encontrar un testimonio de alguien que ha recorrido ese mismo camino y conocer cómo estructuré mi proceso de recuperación les aporta un gran apoyo moral.

 

Otro grupo lo forman lectores maduros que desean mejorar su calidad de vida y envejecer de manera saludable. Les atrae el enfoque integral del libro, donde no solo se abordan aspectos físicos, sino también la importancia de la paz mental, las relaciones humanas y el equilibrio personal.

 

Por último, hay lectores jóvenes interesados en la prevención y los hábitos de vida saludables. Para ellos, la sección dedicada a proteger el entorno doméstico de contaminantes químicos y electromagnéticos resulta especialmente práctica. Me satisface comprobar que el texto logra transmitir información rigurosa de forma amena, generando reflexión en perfiles muy diversos.

 

P: – ¿Qué sientes cuando vuelves a tu libro?

 

R: – Cuando vuelvo a leer determinados pasajes, especialmente los referidos a los momentos iniciales del diagnóstico y los tratamientos, la emoción sigue estando presente. Resulta conmovedor recordar la incertidumbre de aquel período y ver cómo, con el tiempo, fui capaz de reconstruir mi salud y redactar una guía que pudiera servir de apoyo a otras personas.

 

Por otra parte, al revisar las secciones dedicadas a la prevención, la investigación y la reflexión personal, siento una gran serenidad. Me gratifica haber logrado sintetizar multitud de fuentes científicas en un lenguaje claro, accesible y cercano para cualquier persona sin formación médica. He incorporado en el libro toques de humor e ironía para desdramatizar la enfermedad, aligerar la lectura y acompañar al lector desde la empatía.

 

Reencontrarme con el libro me recuerda que de las pruebas más complejas pueden surgir proyectos luminosos, llenos de sentido y aportación a los demás. Haber transformado una vivencia difícil en una obra útil y divulgativa es una fuente constante de satisfacción.

 

P: – ¿Te sientes parte de un cambio de paradigma que nos lleve a vivir mejor?

 

R: – Me siento plenamente identificada con esa evolución. Contamos con una medicina de primer nivel para situaciones de urgencia y tratamiento de patologías, pero es necesario que la sociedad asuma una cultura de la prevención activa. La salud del futuro pasa por entender que el autocuidado consciente y diario es la mejor inversión en calidad de vida.

 

La investigación científica actual —en áreas como la microbioma, la neurociencia o la epigenética— demuestra que nuestro organismo responde de forma muy favorable a pequeños cambios sostenidos en la nutrición, el ejercicio, el descanso y la gestión del estrés. Promover este conocimiento es algo que me motiva profundamente; de hecho, coordino clubes de lectura donde analizamos estas materias y es muy gratificante comprobar cómo los participantes van introduciendo mejoras en sus hábitos.

 

Avanzamos hacia un modelo donde la longevidad se aborda desde la información, la responsabilidad personal y el bienestar integral. Saber que mi testimonio y mi trabajo contribuyen a que otras personas tomen un rol activo en la protección de su salud me aporta un profundo sentido de plenitud.

MADRID, ESPAÑA

Septiembre, 2026

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