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In Eventos, Fotografía

Mauricio Rodríguez, la fotografía como vivencia

8 octubre, 2026

Mauricio Rodríguez, la fotografía como vivencia Pin It

Mauricio Rodríguez, la fotografía como vivencia

 

 

En el horizonte cultural de los Andes venezolanos, la ciudad de Mérida ha funcionado históricamente como un refugio de creación e intercambio intelectual. En este territorio conviven varias facultades universitarias al amparo de la Universidad de Los Andes, donde coexisten talleres de artes plásticas, escuelas de medios e institutos cinematográficos, configurando un ecosistema donde la imagen se debate entre la tradición y la búsqueda estética.

 

 

Como parte de este entramado se sitúa la figura de Mauricio Rodríguez (abogado de profesión y fotógrafo por impulso vital), fundador de Talbot Escuela de Fotografía, lejos de concebir la docencia fotográfica como un conjunto de enseñanzas para que los alumnos aprendan solo destrezas técnicas o esquemas lumínicos, Rodríguez ha erigido con su escuela un espacio para la discusión crítica sobre la imagen. Su propuesta docente no busca adiestrar operadores de cámara, está enfocada propiciar el descubrimiento de la mirada propia, basada en la convicción de que la fotografía trasciende la superficie del registro para convertirse en una vivencia interior y en una forma elaborada de poesía visual, su labor docente encarna un ejercicio de autonomía creativa frente a la estandarización y la inmediatez contemporáneas.

 

 Trayectoria y memoria de un contemplativo

 

 

La relación de Mauricio Rodríguez con el arte de la luz no nació en las aulas ni en las galerías, salió de los pliegues de su curiosidad, tras ejercer durante años la abogacía libre y desempeñarse en el ámbito judicial en Maracay y Mérida hasta su jubilación, Rodríguez mantuvo siempre latente un impulso contemplativo que comenzó a gestarse cuando recibió su primera cámara, un artefacto elemental dotado de un botón y un rollo, cuyo funcionamiento dejaba el azar en manos del mecanismo. A los doce años, el descubrimiento de una cámara guardada en un mueble en la casa de un tío avivó una fascinación que se alimentaba también en las bibliotecas de Caracas, donde hojear volúmenes sustituía a la televisión ausente. En aquella época de juventud, Rodríguez soñaba con adquirir una humilde cámara rusa Zenith, conocida popularmente como un «tanque de guerra» por su tosca durabilidad.

 

Sin considerarse jamás un fotógrafo profesional en el sentido convencional, Rodríguez comenzó a registrar su entorno llevado por la necesidad íntima de exploración. Sus imágenes empezaron a destacar en los concursos universitarios de fin de año en Mérida, escenarios en los que solía objetar la disparidad presupuestaria que otorgaba premios mayores a la pintura o al dibujo frente a la fotografía. Con el paso de los decenios, su instrumental evolucionó desde una pequeña Leica analógica de bolsillo en 1992 hasta las primeras cámaras digitales compactas como la Lumix LX1, para asentarse finalmente en el uso continuado de una Nikon D80.

 

 

Esta transición técnica le ha permitido reflexionar sobre la actual fiebre retro-analógica entre las jóvenes generaciones, para Rodríguez, la nostalgia juvenil por lo analógico responde a menudo al anhelo por un tiempo no vivido, sin embargo, cuestiona la paradoja de quienes adquieren carretes, los envían a revelar en otras ciudades para luego limitarse a escanear los negativos y difundirlos en plataformas digitales sin llegar a hacer copias en papel de esos negativos. Como señala al comparar la imprenta de tipos móviles con el procesamiento de texto en computadora, la aceleración tecnológica incrementa la velocidad de producción, pero no garantiza por sí misma un salto de calidad estética o conceptual.

 

Enseñar lo que se anheló aprender

 

Tras retirarse de la abogacía y enfrentar la partida de sus hijos, Mauricio Rodríguez decidió transformar un modesto recinto equipado con tres mesas usadas, sillas de madera y un televisor en la semilla de Talbot Escuela de Fotografía, la premisa de este proyecto fue radical en su sencillez: ofrecer a otros la formación humanística y artística que a él le habría gustado recibir, frente a la oferta académica convencional y a los talleres de fin de semana enfocados de forma prioritaria en recetas de iluminación o encuadres prefijados, Rodríguez postula que la técnica debe subordinarse al autoconocimiento del creador.

 

En Talbot Escuela, por donde han transitado cerca de un centenar de alumnos en grupos reducidos de no más de ocho personas, la pedagogía opera como un diálogo desobediente. Rodríguez sostiene que los preceptos canónicos (como la célebre «ley de los tercios») no constituyen órdenes absolutas al estilo de los códigos jurídicos, según él son solo sugerencias compositivas. Si la creación fotográfica se redujera a la aplicación mecánica de normas, sostiene el profesor, las computadoras podrían realizar las fotos de manera impecable.

 

 

Para dinamitar esos automatismos, la propuesta curricular de la escuela inicia de forma obligatoria con la revisión crítica de los cuatro célebres programas de John Berger, Modos de ver, realizados a fines de los años setenta, además, un módulo dedicado al retrato puede detenerse durante meses en el análisis minucioso de Las Meninas de Velázquez, hilvanando lecturas de Michel Foucault, José Ortega y Gasset y Rembrandt para demostrar cómo el pintor se adelantó dos siglos y medio a la noción de la mirada fotográfica, formación alimentada por la rica biblioteca personal del docente, esta dinámica acoge a estudiantes provenientes de diversas provincias venezolanas (como Barinas, Puerto La Cruz o Ciudad Bolívar) y de disciplinas tan variadas como los medios audiovisuales, la historia del arte o las letras. En este espacio se estimula la hibridación técnica, incentivando intervenciones con óleo, pastel o colaje sobre la imagen, con ello se combate la falta de lectura crítica y el estancamiento en estereotipos visuales que, a juicio de Rodríguez, aquejan a una parte significativa de la producción fotográfica nacional.

 

 

La fotografía como vivencia interior y correlativo poético

 

El eje filosófico que sostiene el pensamiento de Mauricio Rodríguez reside en la distinción ontológica entre la experiencia objetiva y la vivencia interior, mientras la experiencia alude al acontecimiento externo, la vivencia representa esa dimensión íntima, espiritual y personalísima del ser. En este marco, el ojo humano actúa como una cámara en continua contemplación del mundo; cuando un fragmento de la realidad conmueve al sujeto, la fotografía emerge como el medio idóneo para aprehender y transmitir esa vivencia interna.

 

Para profundizar en este carácter simbólico, Rodríguez recurre a las reflexiones de autores vinculados a la revista Aperture, como Minor White y Michael Gregor, quienes emparentan la imagen con la poesía a través del concepto de “correlativo objetivo” formulado por T.S. Eliot, del mismo modo que el poema emplea las palabras para bordear y comunicar lo que en apariencia resulta incomunicable, la fotografía opera como una fórmula capaz de vincular estados emocionales que desbordan el lenguaje racional, esta trasmutación lírica es ejemplificada por el profesor mediante los versos popularizados por Simón Díaz en «Luna de Margarita» (donde la lógica lineal se quiebra para dar paso a la pura emoción poética).

 

Inspirado en el célebre ensayo de Eliot, La tradición y el talento individual, Rodríguez propone un ejercicio revelador: sustituir en dicho texto la palabra «poesía» por «fotografía». Al hacerlo, se comprueba que la verdadera obra fotográfica no responde al capricho pasajero ni solo a la destreza digital, implica tambien a la inserción del talento individual dentro de una vasta corriente cultural y espiritual, la fotografía, en su formulación más alta, se consagra, tal cual una poesía concebida mediante la luz.

 

El legado   y la resistencia del sentido

 

La labor de Mauricio Rodríguez en Talbot Escuela constituye una valiosa contribución a la gestión cultural independiente en la provincia venezolana. En un contexto marcado por la escasez de recursos económicos que dificulta a los jóvenes creadores adquirir discos duros, materiales de laboratorio o equipos de última generación, su taller se ha erigido en un espacio de estímulo y amparo intelectual. Frente a las dificultades cotidianas que obligan a muchos estudiantes a fotografiar con sus teléfonos móviles, pero tienen que borrar archivos por falta de almacenamiento, Rodríguez contrapone la riqueza de la formación reflexiva y el rigor de la mirada.

 

El legado de este abogado retirado y maestro por vocación no se mide en la escala de las grandes instituciones, está en la huella silenciosa dejada en las generaciones de fotógrafos que han aprendido desde sus aulas a dudar de las normas impuestas y a cultivar su voz propia, desde los Andes venezolanos, Mauricio Rodríguez sigue demostrando que la fotografía no consiste en aplastar un disparador sobre un encuadre perfecto, está en convertir el acto de ver bajo la premisa del compromiso con la memoria, la belleza y la vivencia interior.

 

 

 

Sigue la conversación: entrevista completa, novedades y curso de ensayo fotográfico

 

La palabra de Mauricio Rodríguez no se agota en estas líneas, te invitamos a ver la entrevista completa a Mauricio Rodríguez en el canal de YouTube Notas Fotográficas, donde la conversación se despliega sin prisa, entre la memoria, la poesía visual y el pensamiento crítico sobre la imagen contemporánea.

 

Para estar al tanto de nuevas entrevistas, proyectos y contenidos de cultura fotográfica en Venezuela, síguenos en Instagram: @notasfotograficasve. Allí compartimos las novedades de nuestro proyecto cultural transmedia, un espacio dedicado a la fotografía y la creación de la imagen .

 

Y porque mirar también se aprende, anunciamos la próxima apertura de nuestro curso de ensayo fotográfico, una propuesta para quienes desean construir un discurso visual propio, más allá de la técnica y del disparo inmediato. Si quieres conocer fechas, contenidos y modalidades, escríbenos por mensaje privado a nuestra cuenta de Instagram @notasfotograficasve y solicita información.

 

 

 

Prof. José Ramón Briceño Diwan

@notasfotograficasve

 

CARACAS D.C. VENEZUELA

Octubre, 2026

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