Paqui Caballero invita al lector a
“El viaje del alma”

Por: Arturo Rodríguez.
La escritora catalana y mentora espiritual presenta un libro que llega como un llamado, una invitación a tomar conciencia de nuestro papel en esta ruta que llamamos vida. En esta entrevista, la autora nos revela detalles de su obra y también de las experiencias que la llevaron a escribirla. Nos deja frases muy interesantes sobre la inmediatez, la muerte, el miedo y otros temas. “Las prisas nos absorben y nos devoran”, nos advierte.

Paqui Caballero
Pregunta: – ¿Qué te hizo pensar que los seres humanos somos inmortales?
Respuesta: – Después de la muerte de mi madre, cuando yo tenía 13 años, necesitaba respuestas. Ella era una mujer muy miedosa, le daba miedo todo, conducir, quedarse a solas, el mar… también la muerte le daba miedo. Yo, la amaba muchísimo y con mi humilde instinto de protección necesitaba saber que ella estaba bien para quedarme tranquila. Entonces decidí estudiar e investigar todo lo que pude y más. Hoy tengo la certeza absoluta de que hay vida después de la vida. Y que, al morir, regresamos al hogar. Y no solo es algo que piense…es que la vida me regaló algo inesperado. Años más tarde, cuando yo tenía aproximadamente 38 años, murió mi cuñada a la edad de 32 años. Fue un golpe para toda la familia. Mi sorpresa llegó cuando contacté con ella de forma involuntaria a nivel astral. No fue un sueño, fue una proyección astral inesperada e involuntaria, pero consciente y real, muy real. Un contacto alma con alma.
P: – Si somos inmortales, ¿qué cosa es la muerte?
R: – La muerte, es dejar aquí el cuerpo físico, “el traje” que nos ha ayudado y servido durante nuestro viaje. La materia se descompone, estamos de acuerdo con eso, hay una “muerte” del cuerpo físico, pero no de nuestra alma, nuestra esencia no muere, sigue su camino porque el alma necesita seguir explorando, creciendo, evolucionando y expandiéndose. Nuestra alma sigue su viaje.
P: – ¿Qué es la conciencia?
R: – La conciencia es esa parte de nosotros que nos muestra que estamos aquí y ahora, formando parte de un entramado de experiencias que nos va definiendo. Es la parte que sabe que está viva y en la que conviven la personalidad del ego y la del alma. Entre ambas se libra a diario una batalla, cuyo principal instrumento es el libre albedrío. La conciencia es, en esencia, darnos cuenta de que existimos en este plano de realidad. Es la clave para conocernos a nosotros mismos y a partir de ahí crecer y convertir-nos en lo que nuestra alma anhela.
P: – ¿Cuál es El viaje del alma que tratas en tu libro?
R: – Es un viaje por todo lo que he ido descubriendo sobre la vida después de la muerte. En él me adentro en el llamado contrato de alma, hablo de los pactos espirituales, de cómo escogemos, antes de encarnar; a nuestra familia, nuestro cuerpo, nuestros desafíos, entre muchas otras cosas. Es un viaje para que el lector recuerde quién es y a qué ha venido. Con la idea de que integre poco a poco que la muerte es solo una etapa más de nuestro viaje.
P: – ¿De qué se encarga una mentora espiritual?
R: – Una mentora espiritual te guía en un tramo de tu camino. Te ayuda a atravesar lugares que para ti son difíciles, y lo hace desde la experiencia. En mi caso, lo que hago es guiar y acompañar a las personas comprometidas con su desarrollo personal y con su crecimiento espiritual a conectar con su mejor versión. Les ayudo en su proceso de expansión del alma y de la conciencia. Desde pequeña me fui dando cuenta de que tenía el don de canalizar, es decir, recibir mensajes del Universo, Campo Cuántico, Dios, Conciencia Divina…llámalo como quieras. Entonces eso me permite afinar más con los mensajes que entrego a las personas, no es solo acompañar con el conocimiento teórico que he ido aprendiendo a lo largo de todos estos años, con mi formación académica. Es también hacer una lectura del alma de esa persona y dejar que el Universo dé su versión sin invadir, sin interferir, pero sí con una guía amorosa donde se dan los enunciados de lo que ocurre a otros niveles.
P: – Pareciera que el mundo ha perdido toda noción de fe. Si lo ves así, ¿cómo asume esta situación una persona como tú que cree en otras realidades?
R: – Es cierto que el mundo, la gente, cada vez está más confundida. Pero es algo que no me preocupa, en el sentido de que respeto que cada Ser transite por sus propios procesos internos, teniendo en cuenta sus paradigmas y creencias. Yo no pretendo convencer a nadie. Pero sí, te diré que mi Fe, desde luego, es inquebrantable. Tengo una certeza absoluta de la existencia de Dios y de la vida más allá de la vida. Y por eso quiero llevar al mundo mi voz, porque creo que puedo devolver la fe a mucha gente. Creo, sinceramente, que es parte de mi misión en este momento de mi vida.
P: – ¿Nuestra cultura de la inmediatez nos ubica en desventajas ante otras culturas?
R: – La inmediatez nos roba tiempo para la introspección, el autocuidado, la reflexión, la metacognición y el sentido de la vida. Las prisas nos absorben y nos devoran. Por eso, es necesario ser consciente de la realidad que nos envuelve y decidir quién eres y desde dónde actúas.
Recuerdo que, cuando ocurrió el terremoto de Fukushima, en Japón, a pesar del dramatismo, la gente no perdió la compostura ni las formas. Se organizaron. Siguieron un orden. Si tienes orden interno, tendrás también un orden externo. Y, desde luego, eso te confiere mucha ventaja a la hora de tomar decisiones y de afrontar problemas. Ya lo dicen: “las prisas nunca fueron buenas”.
P: – ¿Nos podrías relatar alguna experiencia que te haya hecho decir: la muerte no es lo que nos contaron?
R: – Claro, mira lo que te he contado antes sobre mi cuñada sería una. Y la otra, es una experiencia que mi padre tuvo cuando éramos pequeños. Cuando nosotros éramos niños siempre nos la contaba y yo siempre se la hacía repetir. Nos explicaba que él tuvo una experiencia cercana a la muerte cuando tenía unos cinco años. Mis abuelos tenían invitados en casa y, al acompañarlos hasta la puerta, él se quedó solo en el comedor. Sobre la mesa donde habían servido el café, había una botella de cristal que parecía contener agua. Mi padre, con mucha sed, la probó y le pareció dulce, agradable… tanto, que bebió hasta saciarse. Cuando mis abuelos regresaron, lo encontraron desplomado en el suelo, casi inconsciente. Lo que había ingerido no era agua, sino anís. Estaba sufriendo un coma etílico. Mis abuelos angustiados llamaron al médico del pueblo a toda prisa porque veían que se les iba. Y ahora… para dejar la intriga, ja, ja, ja…lo que pasó después lo cuento en mi libro. No voy a hacer espóiler, ja, ja, ja. Solo diré que muchas veces nos hacen pensar que te mueres y ya está. Del barro salimos y en barro nos convertimos. Pero no es así, hay una conciencia superior que trasciende más allá del tiempo y del espacio. Nuestra alma es inmortal. Y nuestra conciencia, por mi experiencia, está ligada al cuerpo espiritual, no al cuerpo físico. Esta es una de tantas historias que me hacen pensar que hay vida más allá de la vida.

Paqui Caballero
MADRID, ESPAÑA
Abril, 2026