Meli Seijas: la fotografía como testigo , vida y sensibilidad en el instante irrepetible
En el vasto territorio de la fotografía contemporánea, donde la saturación visual amenaza con banalizar la imagen, hay autores que trabajan desde una ética distinta: la del respeto, la observación y la conciencia del instante. La obra de Meli Seijas se inscribe precisamente en ese registro. Su trabajo no pretende impresionar desde la espectacularidad, busca conmover desde lo esencial, en su caso, ocurre en uno de los momentos más radicales de la experiencia humana: el nacimiento.

La trayectoria de esta fotógrafa venezolana, actualmente radicada en Portugal, revela un proceso de construcción estética y conceptual que combina intuición, formación técnica y una sensibilidad profundamente ligada a la experiencia vital. Su trabajo, centrado en la fotografía de nacimiento, no solo documenta un evento, sino que propone una lectura emocional y simbólica de ese tránsito entre la espera y la llegada.
Una memoria visual que comienza en casa

Como ocurre con muchos fotógrafos, el origen de su mirada no está en la academia, sino en la vida cotidiana. En el caso de Seijas, la semilla fue sembrada en el entorno familiar. Su madre, vinculada a un laboratorio fotográfico en la era analógica, generó un archivo doméstico desbordante: álbumes, imágenes, registros constantes de la vida cotidiana.
Ese contacto temprano con la fotografía no fue técnico, las imágenes impresas en papel químico eran objetos vivos, manipulables, lúdicos. “Eran nuestros Legos”, recuerda. En ese gesto aparentemente trivial (jugar con fotografías) se construyó una relación orgánica con la imagen como contenedor de memoria.
Este punto es clave para entender su trabajo actual: la fotografía, para Seijas, no es un ejercicio estético aislado, sino una herramienta de preservación de la memoria del instante más emocional para muchas parejas, el nacimiento.
De la intuición a la formación: el paso hacia la conciencia fotográfica

El tránsito hacia una práctica más estructurada se da con la llegada de plataformas digitales como Instagram, en sus primeras etapas, en sus inicios participa en comunidades de fotógrafos emergentes, comienza a recibir retroalimentación, crítica y análisis colectivo.
Este espacio de aprendizaje autodidacta fue determinante. La imagen deja de ser solo registro para convertirse en objeto de reflexión. Se trata de un paso fundamental: la transición del “tomar fotos” al “pensar fotográficamente”.
Posteriormente, ya fuera de Venezuela y con mayor disponibilidad de tiempo, decide formalizar su formación. Sus primeros cursos, lejos del esquema tradicional, se desarrollan en espacios públicos, en contacto directo con la práctica. Esta pedagogía (más cercana a la fotografía documental) refuerza un principio que será constante en su obra: la fotografía ocurre en la realidad, no en el control absoluto del estudio.
La influencia de la luz: aprendizaje y filiaciones estéticas

Dentro de su proceso formativo, destaca la influencia de fotógrafos como Jesús Viloria, cuya aproximación a la luz y la postproducción marcó profundamente su lenguaje visual. En su trabajo se percibe una preocupación constante por el manejo de la iluminación en condiciones adversas , donde el auxilio de la luz artificial es imposible, especialmente en entornos clínicos.
Pero más allá de influencias técnicas, su referencia conceptual más evidente se encuentra en la obra de Graciela Iturbide. De ella retoma una idea central: la fotografía como resultado de un proceso de observación prolongada.
Esta noción es particularmente relevante en el contexto en el que trabaja Seijas. En un quirófano, donde todo ocurre en fracciones de segundo y bajo condiciones de alta tensión, la capacidad de anticipación (producto de la observación acumulada) es lo que permite capturar imágenes significativas.
El nacimiento como territorio fotográfico

La especialización de Meli Seijas en la fotografía de nacimiento no responde a una estrategia premeditada, sino a una circunstancia fortuita. Su formación en el área de la salud, específicamente como ecocardiografista pediátrica, le permitió acceder a espacios clínicos desde una posición de confianza.
Para Seijas, este cruce entre medicina y fotografía no es anecdótico. Ambas disciplinas comparten un principio fundamental: la construcción de imágenes a partir de fenómenos físicos (ultrasonido en un caso, luz en el otro), la fotógrafa hace una relación directa entre ambos extremos de su vida profesional, encontrando similitudes que le permiten previsualizar la imagen.
La fotografía de nacimiento, en su caso, se convierte en una extensión de su comprensión del cuerpo humano y de los procesos vitales. No es una mirada externa, sino una mirada implicada.
Trabajar en el caos: estética y ética en el quirófano

Uno de los aspectos más complejos de su práctica es la ausencia de control sobre las variables, a diferencia de la fotografía de estudio, el entorno clínico impone condiciones extremas: iluminación hostil, movimiento constante, imprevisibilidad.
Sin embargo, lejos de intentar imponer un orden artificial, Seijas trabaja desde la adaptación. Su método no se basa en un guion rígido, sino en una orientación clara: buscar la emoción del instante.
La luz quirúrgica (generalmente considerada un enemigo por su dureza y la temperatura de la luz) se convierte en un elemento narrativo, al final no se trata de corregirla, es un ejercicio de comprensión para poder utilizarla sin importunar al personal de salud.
Pero más allá de lo técnico, su práctica está atravesada por una ética del respeto. El nacimiento es, ante todo, un momento de vulnerabilidad. La cámara, en ese contexto, debe saber cuándo retirarse.
“Bajar la cámara también es parte del oficio”, podría resumirse como uno de sus principios operativos.
La fotografía como experiencia empática
Si hay un punto de inflexión en su trayectoria, no es técnico ni profesional, sino personal: la maternidad, convertirse en madre transformó radicalmente su relación con el sujeto fotografiado.
Este cambio implica lo que en teoría crítica se denomina un “cambio de lugar de enunciación”. Ya no observa desde fuera, sino desde una experiencia compartida. Este desplazamiento se traduce en una mayor sensibilidad hacia los gestos mínimos, las micro expresiones, los silencios. La fotografía deja de ser solo representación para convertirse en una historia de acompañamiento para conservar la memoria.
Un flujo documental integral
El trabajo de Seijas no se limita al momento del parto. Su propuesta es documental en sentido amplio: comienza desde la llegada a la clínica, continúa durante el nacimiento y se extiende a los primeros encuentros familiares e incluso a sesiones posteriores en el hogar.
Este enfoque construye una narrativa completa, donde cada imagen funciona como fragmento de una historia mayor. No se trata de una foto icónica aislada, sino de una secuencia que da cuenta de un proceso.
La construcción de una identidad visual
Tras casi una década de trabajo en este nicho, Seijas ha logrado algo que pocos fotógrafos alcanzan: una identidad reconocible. Su estilo no se define por un recurso técnico específico, sino por una combinación de sensibilidad, tratamiento de la luz y aproximación emocional.
El hecho de que otros puedan identificar una imagen como suya es, en términos fotográficos, un indicador de madurez autoral.
Migración y nuevos contextos: el desafío de recomenzar
Su traslado a Portugal introduce una nueva variable en su trayectoria: el cambio cultural. La fotografía de nacimiento, profundamente ligada a la confianza y a la intimidad, enfrenta aquí barreras distintas. La percepción de la privacidad, la relación con el cuerpo y la expresión emocional varían significativamente respecto al contexto latinoamericano, esto obliga a replantear estrategias de aproximación y construcción de vínculos.
Sin embargo, la fotografía (como lenguaje universal) ofrece un punto de entrada. La imagen, en su capacidad de trascender el idioma, se convierte en herramienta de integración.
Redes sociales y contradicciones contemporáneas
Uno de los aspectos más interesantes de su discurso es su relación ambivalente con las redes sociales. En un momento donde la visibilidad digital es casi obligatoria, Seijas reconoce su distancia con estas plataformas.
La razón no es técnica, sino ética: la naturaleza de su trabajo implica límites claros en cuanto a la difusión de imágenes. La confidencialidad y el respeto por los sujetos fotografiados condicionan su presencia online.
Este posicionamiento, lejos de ser una debilidad, refuerza la coherencia de su práctica.

Fotografía como lenguaje universal
Hacia el final de su reflexión, emerge una idea que sintetiza su visión: la fotografía como lenguaje universal, comparable a la música, esta afirmación no es retórica. En su experiencia migratoria, la imagen se convierte en puente, en herramienta de comunicación y en espacio de encuentro.
La obra de Meli Seijas se sitúa en un territorio donde la técnica, la emoción y la ética convergen. Su trabajo no busca espectacularizar el nacimiento, busca hacer un registro para dar una dimensión humana a la emoción del recibimiento de esa nueva vida que comienza, y de la cual ella es testigo de excepción.
En un mundo saturado de imágenes, su propuesta destaca, por lo contrario: por saber esperar, observar y sentir antes de disparar.
Porque, al final, como bien sugiere su práctica, la fotografía no es solo capturar la luz, sino comprender lo que esa luz revela.

Profesor José Ramón Briceño Diwan
Notas fotográficas
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Marzo, 2026