La más reciente edición de Notas Fotográficas dejó una conversación especialmente reveladora. El invitado fue Daniel De Jhong (IG:, fotógrafo, docente, artista visual y maestro honorario de Avecofa, quien durante casi una hora abrió las puertas de su trayectoria, sus obsesiones y su visión de la imagen contemporánea.

Su participación fue un recorrido íntimo y lúcido por lo que significa pensar, enseñar y hacer fotografía en un país donde la memoria visual se debate entre la fragilidad digital y la fuerza creativa de sus exponentes.
La charla —cálida, honesta y sin artificios— permitió reconstruir la evolución de De Jhong desde sus primeros contactos con la cámara hasta su consolidación como docente y artista. Más que una entrevista, la sesión se convirtió en una radiografía del oficio fotográfico venezolano actual, de sus desafíos y su riqueza cultural.
Los inicios: una cámara en casa y un autodidacta en formación
Cuando el conductor del programa le pidió que contara cómo llegó a la fotografía, De Jhong lo relató sin romanticismos, pero con claridad afectiva. En su casa siempre hubo cámaras; su padre tenía una réflex analógica y, aunque de niño nunca les prestó atención, años después aquella presencia silenciosa germinaría en vocación.
Entre 2005 y 2010 comenzó a usar la cámara compacta familiar cada vez que salía. El juego se volvió hábito; luego, hábito se volvió necesidad. En 2010 adquirió su primera réflex digital sin saber usarla. Allí comenzó su camino autodidacta: leer el manual —algo que insiste en recomendar—, experimentar, equivocarse y recurrir a los foros de Flickr, donde una comunidad internacional respondía dudas con generosidad.
Durante un año y medio estudió solo hasta que descubrió que necesitaba guía académica. Ingresó entonces a la Escuela Fotoarte, donde cursó niveles digitales avanzados y fotografía en blanco y negro. Más adelante, en 2018, estudió el diplomado de Avecofa, institución donde, apenas graduado, comenzó a ejercer como docente.
La fotografía, entendida como aprendizaje permanente, fue desde ese momento su norte.
De la calle a la abstracción: una evolución marcada por la pandemia

Uno de los momentos más interesantes de su intervención en Notas Fotográficas fue la descripción de su tránsito estilístico. Durante años fotografió la calle y el documental, casi siempre en blanco y negro. Pero con la llegada de la pandemia, encerrado en su casa, la cámara se transformó en herramienta experimental.
“Empecé a jugar con el color y la abstracción por ensayo y error”, explicó. Lo que parecía un pasatiempo se convirtió en un proceso profundo de búsqueda. Sin salir del hogar, descubrió que podía expresar sensaciones, estados de ánimo y subjetividades mediante tramas de color y formas difusas.
Esa exploración, que ya suma tres o cuatro años, lo ha llevado a exponer en colectivas, algunas puramente fotográficas y otras interdisciplinarias. El diálogo con escultores, ceramistas y artistas de otros lenguajes lo marcó profundamente.
Para él, la fotografía hoy no es solo documento o registro: es un territorio híbrido que puede dialogar con cualquier disciplina.
La intención comunicativa y el poder del título

Un eje que atravesó toda la conversación fue la intención comunicativa. Para De Jhong, una fotografía no existe solo por su calidad técnica. Debe decir algo. Debe transmitir. Debe posicionar al fotógrafo frente al mundo.
A veces titula sus imágenes, a veces las deja abiertas. Pero incluso cuando el título no está, la intención sí. La fotografía abstracta, dijo, le permitió trabajar con el lenguaje invisible de las emociones: “El color transmite sensaciones. Las formas dicen cosas. No todo tiene que ser literal”.
Los años como docente le enseñaron que, aunque la interpretación es subjetiva, hay sentimientos que aparecen de manera recurrente entre distintos espectadores. La imagen, bien construida, tiende puentes.
Docencia: enseñar a ver, no solo a disparar

Su participación se fortaleció al hablar de la docencia. Desde 2019 dicta asignaturas de laboratorio digital y multimedia en Avecofa. Allí no solo enseña Lightroom y Photoshop; enseña organización del archivo, pensamiento visual, rigor conceptual y curiosidad artística.
Su diagnóstico sobre los estudiantes jóvenes fue directo: “Buscan inmediatez y validación en redes sociales”. Muchos quieren resultados rápidos, fotos bonitas y likes. Pero la fotografía, insiste, exige paciencia, reposo y formación integral.
Una de sus prácticas: no revisar las fotos el mismo día en que las toma, sino días después, cuando la emoción inicial ha pasado. Ese reposo, afirma, permite mirar con objetividad.
El archivo: la gran alerta de la fotografía venezolana

Tal vez el momento más urgente de su participación fue cuando abordó el problema del archivo fotográfico. Para De Jhong, la memoria visual de Venezuela está en riesgo. La era digital, con toda su comodidad, ha puesto nuestras imágenes en una situación peligrosa: discos duros que fallan, computadoras que se dañan, nubes que expiran, teléfonos que se pierden.
“Un archivo que no se respalda en varios lugares está condenado a desaparecer”, advirtió. Él trabaja con dos discos externos idénticos y respalda en ambos. Sugiere que todos los fotógrafos venezolanos deberían hacer lo mismo, además de organizar sus imágenes con orden, palabras clave y colecciones.
La preocupación es legítima: la fotografía venezolana del siglo XXI corre el riesgo de quedar fragmentada, inaccesible o perdida si no se toman medidas inmediatas.
“En negativo tenemos fotos de hace 40 años intactas. En digital tenemos archivos que duran cinco”, lamentó. Su llamado final fue contundente: Venezuela necesita pensar su memoria visual como un asunto cultural y de país.
Un panorama fotográfico amplio y vigoroso

Al preguntarle por la fotografía hecha por venezolanos, De Jhong habló con entusiasmo. Reconoce el legado de maestros como Vasco Szinetar, Nelson Garrido o Jorge Luis Santos, pero también celebró la fuerza de los jóvenes que están produciendo obras de alto nivel dentro y fuera del país.
“Hay talento y visión. Tenemos que seguir apoyando y formando a las nuevas generaciones”, afirmó. Ese compromiso con el relevo generacional resume buena parte de su discurso.
Un cierre lleno de recomendaciones

Su despedida en Notas Fotográficas fue una síntesis de su filosofía:
—Lean el manual de la cámara.
—Tengan paciencia.
—Consuman arte, no solo fotografía.
—Estudien todos los días.
—No persigan la inmediatez.
Su voz, serena y clara, resonó como la de un maestro que ha aprendido a escuchar y a mirar con profundidad. Su participación no solo describió su obra: recordó la importancia cultural de la fotografía venezolana como memoria, oficio y lenguaje vital.
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Profesor José Ramón Briceño Diwan
Notas fotográficas
CARACAS D.C. VENEZUELA
Noviembre del 2025