El templo de la mirada: a propósito del nuevo Museo George Lucas
A propósito de la esperada apertura del Museo George Lucas en Los Ángeles, una reflexión sobre el poder imperecedero de las imágenes y la narrativa visual. Desde los tempranos cortos universitarios de un joven Lucas hasta la consolidación de un ambicioso «templo del arte del pueblo», un recorrido íntimo por los territorios de la memoria, el cine y las historias que nos han acompañado toda la vida.

Courtesy Lucas Museum of Narrative Art. Photo by Iwan-Baan-
El cine ha sido mi compañero de ruta desde que tengo memoria. Recuerdo perfectamente cuando, en los albores de mis estudios de ingeniería, el auditorio universitario se convirtió en el epicentro de un descubrimiento iniciático con un ciclo titulado Take 5 Student Films. Allí, proyectados como tesis de grado en formato corto, vi por primera vez los universos de un joven George Lucas con THX 1138 y de Francis Ford Coppola con una versión primigenia de The Rain People, entre cortos de jóvenes cineastas. Eran destellos de una genialidad que apenas comenzaba a gestarse y que, sin saberlo entonces, redefiniría nuestra manera de entender el relato visual.
Por eso, el anuncio de que este 22 de septiembre abrirá por fin sus puertas el Lucas Museum of Narrative Art en Los Ángeles —tras una década de retrasos—, no es para mí una simple noticia cultural. Se siente como el corolario natural de una obsesión compartida.

Courtesy Lucas Museum of Narrative Art Photo by Paul-Salveson-
Valorado en mil millones de dólares y albergado en una imponente estructura curvilínea diseñada por Ma Yansong de MAD Architects —una suerte de nave espacial varada sobre jardines ideados por Mia Lehrer—, el museo impulsado por Lucas y su esposa, Mellody Hobson, llega con una premisa tan ambiciosa como necesaria: sacudir los cimientos de la jerarquía artística tradicional para celebrar lo que ellos denominan, sencillamente, “arte narrativo”.
Lo fascinante de la propuesta curatorial, tal como se desprende de sus espacios, es la audacia de su convivencia visual y el uso de recursos museográficos heterogéneos. En la planta baja, una introducción histórica recorre desde reproducciones digitales de las pinturas rupestres de Lascaux y de la Capilla Sixtina hasta contadas piezas físicas, recordándonos que toda obra de arte, en su esencia más profunda, porta el germen de un cuento.
Pero es al adentrarse en las plantas superiores donde el museo revela su verdadera naturaleza iconoclasta. Allí conviven sin complejos los mundos de Norman Rockwell, Maxfield Parrish y los grandes maestros de la ilustración de fantasía como Frank Frazetta, junto a una amplísima sección de cómics y novelas gráficas que incluye desde Charles M. Schulz hasta R. Crumb.

Courtesy Lucas Museum of Narrative Art. Photo by Paul-Salveson-1024×683.
Para los puristas del cubo blanco, la colisión puede resultar chocante. Ver cómo dialogan copias digitales de Caravaggio o Gentileschi con óleos originales, o atestiguar el choque entre estéticas dispares, es un ejercicio que derriba los muros entre el llamado arte «alto» y «bajo», que nos devuelve una verdad liberadora: la creatividad humana no entiende de etiquetas gremiales, sino de la urgencia de comunicar mitos, miedos y maravillas.
En el corazón de todo esto late la sección dedicada al cine: los juguetes originales de Star Wars, los trajes de R2-D2 y C-3PO, el Halcón Milenario y los conceptos visuales que marcaron a generaciones enteras. George Lucas ha definido este espacio no tanto como un museo tradicional, sino como un «templo del arte del pueblo».

Como alguien cuyo primer asombro estético se nutrió en las salas de cine, en las páginas impresas y en la memoria de las imágenes que nos formaron, celebrar este museo es celebrar nuestra propia biografía visual. Si este vasto contenedor de fantasías, cicatrices y epifanías —sostenido tanto por la materialidad de sus piezas como por la audacia de sus reproducciones— pertenece o no a la rigurosidad museística tradicional es un debate secundario. Lo verdaderamente importante es que, a partir de este septiembre, tenemos un lugar donde recordarnos por qué las historias importan, por qué las imágenes nos salvan y por qué, al final del día, seguimos construyendo sociedades alrededor de la magia de narrar.
Los Ángeles, USA

Cesar Sasson
Magíster en Curaduría de Arte
coleccionsasson@gmail.com
Ciudad de Panamá – Panamá
Septiembre – 2025