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Jorge Luis Santos: la fotografía como acto de conciencia y memoria

5 abril, 2026

Jorge Luis Santos: la fotografía como acto de conciencia y memoria Pin It

Jorge Luis Santos: la fotografía como acto de conciencia y memoria

 

 

Jorge Luis Santos

 

El inicio: una cámara, la montaña, la mirada

 

Toda biografía fotográfica auténtica comienza con un gesto aparentemente menor: una cámara en las manos de un niño. En el caso de Jorge Luis Santos, ese gesto ocurrió a los once años, cuando su padre (músico talentoso dedicado a otras cosas por las urgencias de la economía) le entrega sus primeras cámaras. No era un fotógrafo formando a otro fotógrafo; fue un acto intuitivo que terminaría abriendo una vida entera.

 

Desde entonces, la fotografía y la montaña se funden en una sola experiencia. El Ávila no es solo paisaje: es territorio iniciático. Santos no se hace fotógrafo en el aula ni en el laboratorio, sino en el ascenso, en la respiración agitada, en la contemplación. La imagen no surge como documento, sino como consecuencia de estar ahí.

 

“Yo me hago fotógrafo en la montaña”, afirma. Y esa declaración no es retórica: define una ética. La fotografía como experiencia encarnada, no como simple captura.

 

De la distancia al encuentro: el giro hacia lo humano

 

 

Durante años, su trabajo estuvo dominado por el paisaje. La figura humana aparecía, sí, pero como elemento anecdótico, casi ornamental dentro de una composición mayor. Fue necesaria la mirada crítica de su esposa para que emergiera una pregunta clave: ¿dónde está el ser humano en todo esto?

 

Ese cuestionamiento inaugura una segunda etapa. Santos comienza a formarse en escuelas de fotografía en Caracas (Roberto Mata, Nelson Garrido) y allí ocurre un desplazamiento fundamental: del paisaje como protagonista al ser humano como centro de sentido. No abandona la montaña, pero la resignifica. Ya no es solo geografía, sino escenario de relaciones, de rituales, de significados compartidos. La fotografía deja de ser contemplativa para volverse dialógica.

 

Espiritualidad sin dogma: el caso de los Palmeros

 

 

Desde la montaña profunda días de Palmeros…

 

Uno de los proyectos más reveladores en la obra de Santos es su trabajo con los Palmeros de Chacao. Lo que comienza como curiosidad, ¿qué hacen estos hombres en la montaña? se transforma en una inmersión de catorce años.

 

Aquí aparece una de las claves filosóficas de su mirada: la distinción entre religión y espiritualidad. Santos no documenta un ritual desde la distancia etnográfica; lo vive desde dentro, se involucra, acompaña, comprende. El resultado no es un reportaje, se vuelve el registro de una experiencia compartida, como bien señaló Nelson Garrido al ver el trabajo: es una fotografía “desde adentro”, esa diferencia es crucial, no hay  mirada turística, cada imagen final es un documento que refleja respeto, tiempo, vínculo, donde la cámara deja de ser un instrumento de observación para convertirse en un puente entre el fotógrafo y el espectador.

 

La fotografía como excusa para vivir

 

 

En un contexto donde la fotografía suele asociarse con reconocimiento, exhibición o validación, Santos propone una inversión radical: la fotografía como excusa para vivir.

 

No se trata de hacer imágenes para mostrar, el asunto central de su trabajo está basado en vivir experiencias que, eventualmente, se traducen en imágenes, el valor no está en la obra final, está en todo el proceso que va desde la planificación hasta la pieza final. “Es una excusa muy bella para vivir cosas”, dice, en esa frase se condensa una filosofía completa: la fotografía como práctica existencial.

 

Este enfoque lo aleja de la ansiedad contemporánea por la visibilidad. No fotografía para el algoritmo, lo hace para resguardar la memoria.

 

Autorretrato vs. selfie: una toma de posición

 

 

Uno de los momentos más lúcidos de la conversación gira en torno al autorretrato. En tiempos donde el selfie domina la cultura visual, Santos establece una distinción necesaria.

 

El selfie, dice, es efímero. Responde a una lógica de inmediatez: “estoy aquí”, “mira lo que hago”. Su valor es circunstancial. El autorretrato, en cambio, es una declaración. Implica intención, conciencia, posicionamiento, un acto de exposición simbólica: una forma de desnudez psicológica e indefensa ante la mirada del espectador.

 

En su caso, muchos de estos autorretratos ocurren en la montaña. No son imágenes para publicar, fueron realizadas como una forma de autoexploración para comprenderse, creó archivos íntimos que registran el paso del tiempo, las transformaciones del cuerpo y del espíritu.

 

Aquí la fotografía se acerca a la filosofía: es una herramienta de autoconocimiento.

 

El libro como territorio de permanencia

 

 

En una era dominada por lo digital, Santos defiende con firmeza la fotografía impresa. Para él, el libro no es solo un soporte: es una forma de pensamiento. Ha publicado seis libros, en su mayoría sin apoyo institucional, en un contexto tan adverso como el venezolano. Cada uno es una conquista material y simbólica.

 

El libro permite construir un discurso, organizar una narrativa, fijar una visión. A diferencia de la imagen suelta en redes, el libro exige coherencia, estructura, intención.

 

“Ahí tú echas tu cuento”, afirma. Y ese “cuento” no es anecdótico: es una forma de memoria.

 

Además, su labor como coleccionista (con cerca de 900 libros de fotografía venezolana) revela otra dimensión: la preservación del archivo cultural. No solo produce obra, también se ha dado a la tarea de resguardar la de otros.

 

Avila Vertical: una decisión conceptual

 

 

Uno de los aspectos más singulares de su trabajo reciente es el uso de la panorámica vertical en fotografía de paisaje. A primera vista, podría parecer una contradicción: ¿por qué representar horizontalmente un mundo que percibimos en ese eje, utilizando un formato vertical?

 

La respuesta no es técnica, es conceptual.

 

Santos parte de una premisa: toda fotografía es una abstracción. No hay representación objetiva del mundo, sino interpretaciones, por ejemplo, diez fotógrafos en un mismo lugar producirán diez imágenes distintas, todas válidas. La elección del formato vertical no busca replicar la visión humana, busca reinterpretarla como una forma de recortar la realidad, de enfatizar ciertos elementos cuyo fin es el de construir una mirada propia.

 

Su libro Ávila Vertical es el resultado de once años de trabajo con una cámara Hasselblad analógica. No es solo un homenaje a la montaña, es un autorretrato indirecto: una forma de verse a sí mismo a través del paisaje.

 

Técnica y ética: el dispositivo como decisión

 

 

En tiempos donde la tecnología facilita la manipulación de imágenes, Santos adopta una postura deliberadamente exigente. Rechaza la construcción digital de panorámicas a partir de múltiples tomas, no porque sea inválida, la respuesta menos compleja es porque no responde a su búsqueda, prefiere la captura directa, la unidad del disparo, la coherencia del dispositivo.

 

Esta decisión revela una ética del hacer: la técnica no es neutral. Cada elección (cámara, formato, proceso) implica una posición frente a la imagen.

 

En su caso, la fotografía analógica no es nostalgia, es un ejercicio de disciplina, la fotografía analógica no da segundas oportunidades, todo debe ser realizado según una cantidad larga de variables que se conjugan a ciegas, hasta no ver el producto en laboratorio no sabes si está bien hecho el trabajo, debe existir un rigor técnico previo..

 

La verdad como construcción

 

 

Uno de los planteamientos más provocadores de Santos es su reflexión sobre la verdad en fotografía. En un campo históricamente asociado con la evidencia, él propone una lectura más compleja.

 

“La verdad no existe”, afirma. O, más precisamente, es una construcción.

 

Toda fotografía es una selección: de encuadre, de momento, de luz. Incluso en el fotoperiodismo, donde se supone una relación más directa con los hechos, la imagen está mediada por decisiones subjetivas, este enfoque no invalida la fotografía, pero sí la desmitifica. La imagen no es prueba, es una interpretación.

 

 La fotografía como forma de habitar el mundo

 

 

La obra y el pensamiento de Jorge Luis Santos se sitúan en un lugar poco frecuente en la contemporaneidad: lejos de la espectacularidad, cerca de la experiencia.

 

Su fotografía no busca impresionar, es una forma de comprender el mundo, no persigue la novedad, busca dejar constancia de la profundidad del pensamiento del fotógrafo, en el caso de Jorge Luis no se orienta al mercado, es un aporte a la memoria. En un ecosistema saturado de imágenes, su propuesta es casi contracultural: detenerse, mirar, habitar.

 

Porque, al final, como sugiere su recorrido, la fotografía no es solo una práctica artística. Es una forma de estar en el mundo.

 

 

Continúa la conversación donde la fotografía respira

 

 

Si esta lectura despertó en ti nuevas preguntas sobre la imagen, la memoria y el acto de mirar, entonces el siguiente paso no está en otra página: está en la experiencia viva de Notas Fotográficas.

 

Un espacio donde la fotografía venezolana se piensa, se cuestiona y se comparte sin poses ni edición. Sin filtros discursivos. Sin artificios innecesarios.

 

Suscríbete en YouTube y accede a entrevistas completas con fotógrafos que están construyendo archivo, pensamiento y cultura visual desde dentro:

 

Notas Fotográficas

Sigue la conversación en Instagram:

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Descubre cápsulas, ideas y fragmentos en TikTok:

@notasfotograficas

Aquí no vienes a consumir imágenes: vienes a entenderlas.

Y en ese proceso, inevitablemente, a entenderte también como espectador.

Porque la fotografía no termina cuando se publica…comienza cuando alguien decide mirarla con intención.

 

 

Prof. José Ramón Briceño Diwan

 

Caracas D.C. Venezuela

Abril, 2026

 

 

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