A principios del siglo pasado, en 1929, el artista belga René Magritte, pintaba una pipa en un lienzo de 93 X 63 cms. El uso del óleo en una escala ampliada, dio un acabado realista, que le permitía al ojo recorrer las texturas de la resina, del metal y de la madera pulida alcanzando incluso a anclarse en sus rayaduras. Como en un despliegue de proeza técnica y un guiño a la tradición flamenca del final del siglo XV, Magritte logra que ubiquemos la pipa en un interior con ventanas, cuyo reflejo se adivina sobre la superficie lisa.

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Esta pipa, en único plano, viene acompañada con una inscripción cuya caligrafía cursiva y disposición por debajo del objeto representado nos recuerda los manuales escolares de lectura: “Esto no es una pipa”; una declaración contundente directamente relacionada con el título de la obra “La traición de las imágenes”.
Magritte desvanece así las fronteras que separaban corrientes artísticas de vanguardia como el surrealismo y la abstracción. Desde el recurso figurativo y poético provoca una abstracción intelectual que evidencia los profundos fallos de un sistema de pensamiento que, solo por haberlos creado, cree entender los sistemas de representación.

Serie Sacra, “Sin Titulo n.2”, 110 x 110 cm,
técnica mixta (acrílico, arena, tela y madera sobre lienzo). 2020.
No es coincidencia que Magritte tome prestados de los manuales escolares códigos gráficos como la disposición, la caligrafía o la iconografía. En las sociedades occidentales, la escuela es un núcleo de transmisión de conocimientos y el aprendizaje de la lectura, un paso crítico hacia la estructuración de la mente y de nuestra adaptación a la sociedad. Magritte denuncia un sistema educativo plagado de engaños y propone a cambio una percepción crítica del mundo donde no se confunda la realidad con su representación.
El empleo de referentes profundamente anclados en la cultura dentro de una imagen paradójica opera un corto circuito en la percepción del espectador. Una imagen perfectamente reconocible, se reconoce a sí misma como un engaño. Magritte invita a desconfiar de lo que se ve y devela así el sistema de manipulación que se esconde detrás de cada imagen.
¿Cómo ser artista cuando se busca la emancipación frente a
los sistemas de representación que estructuran la mirada?

Jaime Arango
en su estudio de Usaquén_Ph Luis Carlos Tovar_2014
Según Giulio Carlo Argán la historia del arte es la historia de la “influencia de la obra sobre todo el proceso de pensamiento que la piensa.” La imagen copiada del manual de lectura se vuelve obra no por la proeza técnica que la hace posible, sino porque a través de la instrumentalización de un referente, Magritte traiciona siglos de representación gráfica para señalar la mentira que se esconde tras el sistema que la creó. Lo relevante de la obra es su capacidad de estimular pensamiento en la persona que la observa. Desde esta perspectiva, el gesto creador es una aspiración de interlocución a perpetuidad; con alguien que aún no se conoce, mientras haya obra, mientras haya quien la observe y mientras haya qué pensar.
Limitarse a afirmar lo que no es, sin proponer interpretación alguna acerca de lo que sí podría ser, es permitir que el espectador se aleje de una verdad consensuada para establecer una verdad individual; ¿Si esto no es una pipa, entonces qué es?. Desde esta perspectiva, la obra busca derribar barreras que limitan el pensamiento y condicionan el diálogo entre el artista y el espectador; en este caso, el adiestramiento cognitivo.
La reflexión acerca del engaño de las imágenes no es nueva en la historia cultural de occidente. Su origen trazable más lejano, se encuentra en el Mito de la Caverna de Platón hace más de dos mil quinientos años. Sin embargo, mientras que el conocimiento se establece como una verdad universal dirigida hacia el mundo, el arte motiva – tanto para el artista como para el espectador – la búsqueda de una verdad individual, una verdad espiritual, singular y cambiante que se conecta tanto con el individuo como con su contexto y que surge desde el interior.
¿Cómo buscar verdad en un circuito artístico dominado por un sistema desde donde se determina lo que, desde la mirada, se entrega al pensamiento?

Desde el principio de su carrera, Jaime Arango Correa percibió el circuito artístico como una barrera que impedía un diálogo fluido con el espectador. Se hacía cada vez más palpable el rechazo hacia un sistema que le dictaba lo que debía producir ensombreciendo aquello que él anhelaba experimentar. Nunca se adaptó. Al contrario, el rechazo fue madurando con él en su búsqueda de una relación genuina con el espectador sustentada por el ejercicio de la libertad creativa. Sin lanzarse aún a la abstracción, durante la década de los 80 Arango empieza a explorar la simplificación de la forma un proceso lento y reflexivo ya que es solo a inicios de la década de los 90 que se hace explícita la adopción de la abstracción como aquel medio que le permitiría orientarse hacia donde su búsqueda lo llevara; explorar formas redondeadas o triangulares sin necesidad de pretextar paisajes montañosos; evocar emociones a punta de color y provocar la deambulación del ojo sobre superficies vibracionales.
Cuando se le interrogaba sobre sus inicios en el arte, Jaime Arango evocaba los concursos organizados por Prismacolor ® como primer escenario de reconocimiento público, identificando su niñez como instante de libertad creativa, una libertad condenada a erosionarse poco a poco o a fracturarse de golpe en medio de las pérdidas y de un esfuerzo constante por adaptarse a las normas que estructuran el hacer. Se fue alejando paulatinamente de sistemas educativos, religiosos o artísticos hasta el aislamiento, desde donde pudo establecer un contacto más real con él mismo, con el espectador y con la juventud en su incansable labor como formador de artistas.

Serie Matérica, “Esfera”, 102 x 76 x 12 cm,
técnica mixta (acrílico, arena y metal oxidado). Años 90.
Si bien la obra de Jaime Arango no da cuenta de un galopar hacia el reduccionismo, sí emana de ella un llamado a no perder el tiempo en el intento de comprender o decodificar; el esfuerzo cognitivo se suspende y se abre paso a una navegación por texturas, líneas y colores que apelan al sentir. Paulatinamente, la búsqueda de verdad se fue despojando de atavíos innecesarios. El artista fue complejizando su relación con el espectador mediante la depuración formal y cromática, y espiritualmente, mediante el acercamiento a otros sistemas de creencias más en consonancia con su visión del mundo.
El uso de materias banales como la madera, la arena, la tierra, el acero u objetos cotidianos es coherente con la profunda admiración que sentía hacia artistas de la corriente informalista como Antoni Tapies o Carlos Rojas; sin embargo, es también un reconocimiento de los elementos tierra, agua, fuego, aire como interfaz fundamental para la conexión con él mismo, el universo y el público.

Serie por definir, “Herida”, 120 x 120 x 10 cm,
técnica mixta (acrílico, arena, tela y otros materiales). 1996.
Sublimar materias poco nobles para develar su potencial estético mediante la exploración técnica, es una forma de afirmar que la trascendencia de la obra no se limita a un aspecto netamente técnico ni está determinada por el material que la compone; sino por el nivel de responsabilidad que asuma el artista sobre su obra mediante el estudio y la investigación técnica como forma de materializar una intención que provoca emoción, pensamiento y diálogo. La obra no es otra cosa que transmutación de una materia, cualquier materia, para encarnar una verdad con la esperanza de provocar otra.
Carlos Rojas afirmaba que el primer objetivo que persiguió con el dibujo “fue el de encontrar la belleza propia de la línea tomándola en sí misma, y no como representación”
Más que lineal, geométrica o arquitectónica,
la mirada de Jaime Arango es espiritual.

Jaime Arango Correa_1999
El lienzo no es una superficie dispuesta para acoger la materialización de una idea; es un plasma donde converge la energía capaz de proyectar la obra por fuera del espacio dispuesto para ella, cual retablo colonial, cuyas formas se extienden por fuera de la superficie en un esfuerzo por unir lo humano con lo sagrado.
Cada una de las series presentadas en esta exposición, son versiones distintas de lo que podría ser un altar personal donde se honran y se sacralizan asuntos tan primordiales y cotidianos como las heridas, las caídas, los precipicios, el erotismo y las muertes. La paradójica confrontación entre la vulnerabilidad y la trascendencia se hace palpable por referencias directas a técnicas como la petrificación, el embalsamamiento, la escarificación o el shibari. Cada composición lleva al límite la explotación plástica del material sin por lo tanto ocultar las huellas que deja su transformación ni los caminos recorridos para su creación. Y en esos caminos, al final de su vida y habiendo conquistado una independencia que, para muchos, le restó posibilidad de reconocimiento, Jaime Arango se despide de sus objetos cotidianos y herramientas de trabajo incrustándolos en el lienzo, como si se tratase de reliquias recogidas a lo largo de su paso por el mundo. Esto podría interpretarse como un regreso al arte figurativo, pero es el testimonio material de un evento performático donde el artista ejecutó su propio ritual funerario con aquellos objetos que hubiese querido llevar dentro de su ajuar.
Quizás Jaime Arango Correa no era un rebelde. Quizás era un alquimista concentrado en lo que necesitaba expresar. Quizás por eso mismo desertaba de toda institución que buscara dictarle lo que tenía que expresar para poder pertenecer. Finalmente, la religión, la educación, y los circuitos del arte tienen en común el ser instituciones que de una forma u otra dictan normas, tendencias o preceptos que Arango Correa procesaba como una violenta limitación de su libertad.
Curadora Lucía Arango Liévano, Ph.D.

Preguntas y respuestas con archivo familiar Jaime Arango Correa

Serie T, “T n.4”,
160 x 122 cm, técnica mixta. 2003.jpg
¿Qué motiva a la familia de Jaime Arango para realizar esta exposición en el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia – MUUA?
Al cumplirse un año de la muerte del maestro Jaime Arango Correa, la exposición Altares, que se llevará a cabo en el MUUA, encuentra su principal motivación en el compromiso de mantener viva la memoria de un artista relevante dentro de la historia de la plástica colombiana. Un compromiso asumido desde la esfera familiar debido a la decisión del artista de emanciparse de los circuitos tradicionales del arte en Colombia cuyos mecanismos, principalmente orientados al mercado, eran asumidos como una coerción a la libertad creativa. Esta exposición es un primer paso dentro de una estrategia más amplia que es la creación y publicación de un archivo orientado a la documentación de la obra de Jaime Arango Correa creando las condiciones necesarias para su investigación. Compartir y crear condiciones para la generación de conocimiento acerca de este artista abre la oportunidad de explorar las rutas del informalismo abstracto en Colombia, estudiar las modalidades de intercambios culturales con Europa durante la segunda mitad del siglo pasado y también responder a la pregunta de los caminos de incidencia de un artista que, desde una reivindicación política, decide sustraerse de los circuitos tradicionales del arte.

Serie T, “T n.2”
180 x 140 cm, técnica mixta. 2003.jpg
¿Por qué escogieron este museo para hacer esta exposición?
La elección del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia responde tanto a razones biográficas como institucionales. Tras el fallecimiento de Jaime Arango, consideramos fundamental realizar una exposición conmemorativa en su región de origen. En este contexto, el MUUA adquiere un significado especial, ya que allí el artista inició formalmente su carrera al ser seleccionado para el II Salón Regional de Artes Visuales en 1978.
El proyecto tomó forma al contactar a Lucía Arango Liévano, entonces Jefe de la División de Cultura y Patrimonio, quien ya conocía la obra del artista por haber sido curadora de una exposición suya en 2014. Reconociendo la relevancia de su trayectoria —no solo como artista, sino también como profesor—, Lucía impulsó la colaboración entre el MUUA y el Archivo Familiar Jaime Arango Correa, haciendo posible esta exposición.
Realizar la primera muestra en el MUUA es, además, una manera de reconocer el papel de la Universidad de Antioquia como espacio de formación, circulación y proyección de artistas en Colombia. En particular, la vocación del museo, que desde hace más de cincuenta años se orienta hacia la educación y la mediación, se alinea de manera coherente con la práctica de Jaime Arango, quien entendió la enseñanza como un eje fundamental de su quehacer artístico.

Serie Sacra, “Sin Título n.9”
120 x 120 cm, técnica mixta (acrílico, arena, tela y madera sobre lienzo). 1999.
¿Es la primera exposición que se realiza después de su fallecimiento?
Esta es la primera exposición que se realiza tras su fallecimiento. Se inaugurará el 15 de abril, fecha que marca el primer aniversario de su partida, como un acto conmemorativo de su vida y obra. Más allá de su dimensión simbólica, la muestra representa el inicio de un proceso más amplio orientado a la activación y proyección de su legado en el contexto contemporáneo. En este sentido, constituye también el primer paso en la consolidación del Archivo Familiar Jaime Arango Correa como una fuente abierta para la investigación, el estudio crítico y la circulación de su obra.

Serie Sacra, “Sin Titulo n.5”
110 x 110 cm, técnica mixta (acrílico, arena, tela y madera sobre lienzo). 2020.
¿Cuántas obras y series (aproximadamente) conforman esta muestra?
La exposición reúne una selección de 27 obras de diferentes periodos de su proceso artístico que abarcan cuatro décadas. Este conjunto permite trazar un recorrido por el proceso de su lenguaje plástico, en diálogo con el desarrollo del informalismo abstracto en Colombia y sus propias búsquedas materiales y expresivas. La muestra incluye además un grupo de obras inéditas hasta ahora no exhibidas, que aportan nuevas claves para la comprensión de sus últimos procesos creativos.

Serie Sacra, “Sin Título n.4”
110 x 110 cm, técnica mixta (acrílico, arena, tela y madera sobre lienzo). 1999.
¿Hay proyectos de llevar esta exposición a otros lugares en Colombia u otros países?
En coherencia con la misión del Archivo Familiar Jaime Arango Correa, esta exposición se proyecta como un programa de carácter itinerante, con vocación de circular por distintas instituciones culturales a nivel nacional. Su desplazamiento a otros contextos permitirá ampliar el acceso público a la obra, así como fomentar procesos de investigación, mediación y formación en torno a su práctica artística. Paralelamente, se contempla fortalecer la presencia internacional de su trabajo, especialmente en países como España e Italia, donde el artista desarrolló importantes vínculos e intercambios culturales que hoy se busca retomar y fortalecer.
MEDELLÍN, COLOMBIA
Abril, 2026