La mexicana Eliana Montemayor presenta su nuevo libro Soltar para sanar, una obra hecha como una propuesta de transformación personal ante el mundo de confusiones y cambios que vivimos.
Montemayor es una emprendedora por naturaleza, como ella misma se define. El contenido de su libro establece una comunicación entre su mundo interior y el de los lectores, convencida de que cada ser humano es, en sí mismo, una vía para lograr una humanidad más equilibrada para todos. Traducido a más de 25 idiomas, Soltar para sanar está logrando conectar con lectores de las más diversas culturas.

Por: Óscar Vegas.
Pregunta: – ¿En qué momento nos damos cuenta de que algo nos pesa para seguir adelante?
Respuesta: – Nos damos cuenta cuando eso que cargamos ya no solo duele: nos condiciona. Cuando empezamos a reaccionar más de lo que elegimos, cuando el pasado aparece en el presente disfrazado de miedo, culpa, ansiedad o necesidad de control. Muchas veces el cuerpo lo sabe antes que la mente: el cansancio constante, el insomnio, la irritabilidad, la sensación de vivir apretados por dentro. En ese punto entendemos que no estamos llevando una carga…la carga nos está llevando a nosotros. Y ahí empieza la conciencia. Sanar suele comenzar cuando dejamos de normalizar lo que nos rompe en silencio.
P: – ¿Cuál consideras que es el mayor peso que llevan las personas en la actualidad?
R: – Creo que uno de los mayores pesos hoy es la autoexigencia sostenida por el miedo a no ser suficientes. Muchas personas no solo cargan heridas personales…cargan la presión de rendir, sonreír, producir, complacer y seguir adelante sin detenerse a sentir. Vivimos en una cultura que premia la apariencia de fortaleza, pero castiga la vulnerabilidad. Y eso genera un agotamiento muy profundo. El gran peso de esta época es la desconexión de uno mismo: vivir hacia afuera, respondiendo a todo, menos a lo que el alma viene pidiendo desde hace tiempo.
P: – ¿Tu libro nos ayuda a liberar esas cargas?
R: – Sí puede ayudar, porque el libro busca justamente eso: ponerle nombre a cargas que muchas personas viven en silencio. No ofrece fórmulas mágicas ni soluciones instantáneas, pero sí una mirada compasiva, herramientas de reflexión y un lenguaje para entender por qué nos aferramos a lo que nos lastima. No siempre una persona no se libera de todo en una sola lectura, pero sí encuentra una primera claridad por donde entra la lucidez. Y eso ya es mucho. El libro acompaña, sostiene y despierta conciencia…no sustituye la terapia cuando es necesaria, pero sí puede ser el comienzo honesto de un proceso de transformación.
P: – ¿Lo escribiste a partir de una necesidad personal o nació de la observación general?
R: – Nació de ambas cosas. Comenzó desde una necesidad personal, desde mi propia búsqueda interna y desde preguntas que también me atravesaban. Pero al mismo tiempo fue creciendo al observar un dolor muy extendido: personas que siguen funcionando por fuera mientras por dentro están agotadas, confundidas o heridas. Entonces entendí que no era solo una inquietud íntima…era también una conversación urgente de nuestro tiempo. El libro surgió en ese cruce entre experiencia personal y observación humana.
P: – ¿Somos individuos heridos? ¿Nuestras sociedades están enfermas?
R: – Creo que muchas veces somos personas heridas tratando de ser funcionales, y eso tiene consecuencias colectivas. Más que decir que toda la sociedad está enferma, diría que hay demasiado dolor no atendido, demasiada prisa, demasiada dureza normalizada y muy poca educación emocional. Sociedades así terminan produciendo personas desconectadas de sí mismas y de los demás. Pero también creo que hay una enorme necesidad de sanar. No todo está perdido. Hay conciencia creciendo. Hay personas dispuestas a mirar de frente lo que les duele para no seguir reproduciéndolo.
P: – ¿La velocidad produce vértigo en la vida diaria?
R: – Sí, la velocidad produce vértigo porque nos acostumbra a vivir reaccionando. Nos da estímulo, información y urgencia, pero no necesariamente profundidad, sentido ni descanso. Vamos deprisa, contestamos, consumimos, producimos, opinamos, y muchas veces no alcanzamos a escucharnos. El problema no es solo ir rápido, sino olvidar hacia dónde vamos y desde dónde vivimos. Cuando la velocidad se vuelve norma, el silencio empieza a dar miedo. Por eso detenerse hoy también es un acto de lucidez.
P: – ¿El escepticismo impide el cambio?
R: – Depende de qué escepticismo hablemos. Hay uno sano, que nos protege de la ingenuidad y de las falsas promesas. Pero hay otro que nace del miedo y se vuelve una barrera. Ese sí impide el cambio, porque convierte la desconfianza en identidad y nos deja atrapados en la idea de que nada puede transformarse realmente. No siempre el escepticismo no es lucidez: es una forma refinada de no arriesgarnos a sentir, creer o cambiar. Para sanar se necesita discernimiento, sí, pero también apertura.
P: – Más allá de tu libro, ¿tus lectores te piden ayuda?
R: – Sí, muchas personas me escriben. Más que pedirme respuestas absolutas, me comparten su historia. Me hablan de duelos, culpas, ansiedad, relaciones que las rompieron, y también de ese momento en que ya no quieren seguir viviendo desde la herida. Para mí eso es profundamente conmovedor y también una responsabilidad. Yo procuro responder desde el respeto y la honestidad, recordando siempre que mi lugar no es sustituir procesos terapéuticos ni profesionales, sino acompañar con palabras, escucha y conciencia. A veces lo que una persona necesita no es que le resuelvan la vida, sino sentirse vista.
P: – ¿En qué cree Eliana Montemayor?
R: – Creo en la posibilidad real de transformarnos. Creo en la verdad que uno se debe a sí mismo, en la compasión, en la responsabilidad personal y en la dignidad de volver a empezar. Creo en una fe que no niega la herida, sino que la atraviesa con más sentido. Creo en la palabra cuando nace de la honestidad, en el silencio que ordena, en los límites que cuidan y en el amor propio entendido no como ego, sino como respeto profundo por la propia vida. Y creo, sobre todo, que nadie está condenado a quedarse para siempre en la versión de sí mismo que nació del dolor.

Eliana Montemayor
Madrid, España
Marzo , 2026