Abilio Padrón: fragmentos de una amistad
La partida del artista venezolano Abilio Padrón invita a recorrer la memoria como quien vuelve a ver una película hecha de encuentros, afectos y escenas compartidas. Este texto evoca casi cinco décadas de amistad con el caricaturista, dibujante y profesor de dibujo, recordando no solo al creador, sino también al hombre noble cuya generosidad supo tejer vínculos duraderos entre quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.

La muerte de un amigo tiene una forma particular de hacernos mirar hacia atrás. No lo hace como un relato lineal ni como una biografía ordenada por fechas. Más bien se parece a volver a ver una película cuya historia conocemos, pero de la cual permanecen en nosotros ciertos fragmentos luminosos: escenas, gestos, conversaciones, momentos compartidos en los que también nosotros fuimos protagonistas.

Si rebobino la memoria, la primera escena aparece a finales de 1978. Fue José Campos Biscardi quien me lo presentó. A veces las amistades comienzan de manera casi casual, como un encuentro más dentro de una cadena de encuentros. Sin embargo, con el tiempo uno descubre que aquel momento aparentemente simple fue en realidad el inicio de una relación que se iría consolidando lentamente, año tras año, conversación tras conversación.

No fue una amistad construida de manera abrupta ni espectacular, sino algo más profundo: una cercanía que se fue afirmando con el paso del tiempo, alimentada por la confianza, la complicidad y por esa cualidad cada vez más escasa que es la nobleza de carácter.
Abilio fue, además, un creador de mirada aguda: caricaturista, dibujante y artista plástico que supo observar el mundo con inteligencia y sensibilidad. Pero quienes lo conocimos de cerca sabemos que su vocación de maestro fue igualmente importante. Como profesor de dibujo dejó una huella profunda en muchos de sus alumnos, quienes lo recuerdan no solo por lo que enseñaba, sino por la generosidad con la que compartía su oficio.

Cuando uno pierde a un amigo descubre que la memoria no recuerda únicamente a la persona, sino también los momentos de la propia vida que quedaron ligados a ella.
Pienso, por ejemplo, en la celebración de su cumpleaños número sesenta. Aquella noche, que para muchos fue simplemente una reunión festiva, para mí terminó convirtiéndose en una de esas bifurcaciones inesperadas que a veces tiene la vida. Fue allí donde conocí a Octavio Russo, con quien desde entonces conservo una amistad entrañable. De algún modo, ese vínculo también nació bajo el signo de Abilio, como si su capacidad de reunir personas y crear afectos siguiera extendiéndose más allá de cada circunstancia concreta.
Abilio Padrón
Y eso es algo que uno entiende mejor cuando mira hacia atrás: algunas personas no solo forman parte de nuestra historia, sino que también conectan fragmentos de nuestra vida. Enlazan amistades, generan encuentros y construyen pequeñas constelaciones humanas que continúan existiendo incluso cuando ellas ya no están.
Hoy, al pensar en él, no aparece una única imagen, sino muchas. Conversaciones compartidas, risas, momentos sencillos que en su momento parecían cotidianos pero que ahora revelan su verdadero valor. Porque la amistad, cuando es auténtica, se construye precisamente con esos materiales: tiempo compartido, gestos sinceros, presencias que no necesitan demasiadas explicaciones.
Ayer, con su partida, se cerró el capítulo visible de esa historia. Pero las amistades verdaderas no desaparecen del todo. Permanecen en la memoria, en los afectos que ayudaron a construir y en las relaciones que hicieron posibles.
Por eso, al recordar hoy a Abilio, no siento únicamente la tristeza de la despedida. También siento gratitud. Gratitud por haber compartido con él tantos años de vida, por los encuentros que propició, por las amistades que nacieron alrededor suyo y por la certeza de haber conocido a un hombre noble, leal y generoso.
Si la memoria es, en efecto, una película hecha de fragmentos, Abilio seguirá apareciendo en muchas de sus escenas.
Y en todas ellas, sin excepción, ocupará un lugar entrañable.
CARACAS D.C. VENEZUELA

Cesar Sasson
Magíster en Curaduría de Arte
coleccionsasson@gmail.com
@coleccionsasson
Ciudad de Panamá – Panamá
Marzo 2026
