Iván Mikolji: Explorador, naturalista y narrador visual

Un fotógrafo fuera de la categoría
Conversar con Iván Mikolji no es encontrarse solo con un fotógrafo, también incluye la grata sorpresa de encontrarse con una figura que desborda cualquier clasificación convencional. Explorador de ríos, naturalista autodidacta y narrador visual, Mikolji ha dedicado más de dos décadas a documentar la biodiversidad de la cuenca del Orinoco, uno de los sistemas ecológicos más complejos y menos representados del continente.
“Yo no me formé para ser fotógrafo; la fotografía fue una consecuencia natural de mi relación con el agua.”
Su trabajo se distancia tanto del exotismo como de la espectacularidad. No busca imágenes impactantes por sí mismas, busca registros que surgen de la convivencia prolongada con un territorio desconocido para la mayoría de los venezolanos. En nuestro encuentro desde Notas Fotográficas, su relato deja claro que la fotografía, para él, es una forma de conocimiento antes que una práctica estética.

El agua como origen de la mirada
Antes de la cámara estuvo el acuarismo. Desde muy joven, Mikolji se interesó por los peces, los acuarios y los ecosistemas acuáticos. Esa observación temprana fue moldeando una mirada paciente, atenta al detalle y al comportamiento de las especies. A los catorce años recibió su primera cámara analógica, que inicialmente utilizó para documentar sus pinturas y animales en cautiverio.
“Yo fotografiaba para entender mejor lo que estaba viendo, no para mostrarlo.”
Con el tiempo, esas imágenes comenzaron a tener valor más allá de lo personal. Sin proponérselo, Mikolji empezó a producir material útil para instituciones técnicas y científicas, marcando el inicio de un tránsito silencioso pero decisivo hacia la documentación naturalista.

Elegir lo invisible
Uno de los momentos más reveladores de su reflexión es la decisión de abandonar el mar como escenario principal. Allí comprendió que la fotografía submarina marina estaba dominada por una iconografía repetida y altamente competitiva. Los ríos, en cambio, ofrecen algo distinto: biodiversidad única, especies endémicas y un territorio visual escasamente explorado.
“En el Orinoco no estás compitiendo por la mejor foto, estás creando la primera.”
Fotografiar en ríos amazónicos implica desafíos técnicos y físicos considerables, pero también la posibilidad de generar imágenes irrepetibles. Muchas de las especies que Mikolji ha registrado nunca habían sido fotografiadas vivas en su entorno natural.

Fotografía sin fetiche tecnológico
Mikolji mantiene una postura crítica frente a la obsesión contemporánea por el equipo fotográfico. Para él, la cámara no es el centro del proceso, sino una herramienta secundaria frente al conocimiento del entorno. La verdadera preparación, insiste, está en comprender el comportamiento animal, la dinámica del río y los ciclos naturales.
“La cámara es lo menos importante; lo importante es saber qué estás viendo y por qué vale la pena registrarlo.”
Su método de trabajo se basa en la espera, la repetición y la inmersión prolongada. Pasar días enteros en un mismo caño no es una estrategia romántica, es una necesidad: solo así la naturaleza sigue su ritmo y permite ser observada sin artificios.

Del registro personal al conocimiento colectivo
El encuentro con científicos de la Universidad Central de Venezuela marcó un punto de inflexión. Las imágenes de Mikolji comenzaron a ser utilizadas para la identificación y descripción de especies, y su nombre empezó a figurar como coautor en artículos científicos. La fotografía adquiría así una función social explícita.
“Cuando una imagen sirve para que una especie sea reconocida, deja de ser una foto y se convierte en conocimiento.”
Este reconocimiento no lo llevó a reivindicar un rol académico formal, fue la clave para desarrollar su identidad como naturalista: alguien que observa, registra y comparte desde la experiencia directa.

Entre la ciencia, el arte y el relato
Los libros de Iván Mikolji sobre la flora y fauna del Orinoco ocupan un lugar singular en el ámbito editorial. No responden a un solo género: combinan fotografía, ciencia y narración de campo. Sus páginas incluyen datos importantes como coordenadas geográficas, nombres científicos y, al mismo tiempo, relatos de espera, hallazgos y convivencia con el entorno.
“Mis libros no buscan explicarlo todo; buscan generar respeto por lo que existe.”
Esa condición híbrida los ha situado en un territorio incómodo pero fértil, donde dialogan con lectores no especializados sin renunciar al rigor científico como elemento de valor a su intención comunicativa.
Publicar, una forma de darle permanencia a la obra
En una era dominada por archivos digitales efímeros, Mikolji defiende el libro como objeto material y como legado. Publicar ha sido un acto de perseverancia más que de rentabilidad. Su objetivo no ha sido lucrarse, sino sostener una práctica en el tiempo.
“Si no dejo algo tangible, todo este trabajo se pierde cuando se apaga un disco duro.”
Esta ética del archivo conecta de manera directa con algo, que en pleno siglo XXI, donde lo digital prima, una suerte de acto de resistencia ante lo efímero de las fuentes digitales: preservar, documentar y construir memoria desde lo impreso donde conviven la estética, la ciencia y lo artístico en el plano físico, más allá de lo digital.
Fotografiar para crear empatía
Más allá de la técnica o la ciencia, el trabajo de Iván Mikolji busca generar empatía ecológica. Mostrar lo que existe para que pueda ser valorado. Hacer visible lo invisible. Su trabajo muestra el empeño en compartir la naturaleza para comprenderla y acompañarla.
“Uno no fotografía la naturaleza para apropiársela, sino para aprender a convivir con ella.”
El paso de Iván Mikolji por Notas Fotográficas, nos ha dejado claro que su trayectoria no responde a una moda ni a una estrategia de posicionamiento. Es el resultado de una fidelidad sostenida a una forma de mirar, vivir y compartir un mundo que aun estando allí, muchos nunca jamás lo veremos. Documentar el Orinoco, para Mikolji, ha sido también una manera de pensar el país, el conocimiento y el lugar del ser humano dentro del ecosistema.

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Prof. José Ramón Briceño Diwan
Notas fotográficas
CARACAS D.C. VENEZUELA
Febrero, 2026