Antonio Chagín: pensar la arquitectura desde la fotografía
La imagen como forma de habitar el espacio

Hay fotógrafos que registran edificios y otros, mucho más escasos, que habitan el espacio antes de fotografiarlo. Antonio Chagín pertenece a este segundo grupo. Su aproximación a la fotografía de arquitectura no parte del virtuosismo técnico —aunque lo domina con precisión— sino de una reflexión profunda sobre el espacio, la luz y la experiencia humana de habitar.
En su conversación con Notas Fotográficas, Chagín deja claro que la arquitectura no se fotografía desde la prisa ni desde el automatismo. Se fotografía desde la escucha, desde la contemplación y desde una relación casi íntima con el lugar.

Una vocación temprana: la cámara como revelación
La historia de Chagín con la fotografía comienza temprano. A los ocho años recibe su primera cámara y, con ella, una experiencia fundacional: el asombro de ver los recuerdos impresos en papel fotográfico. Aquella emoción inicial no fue pasajera. Aunque su entorno familiar veía la fotografía como un pasatiempo costoso, él insistió, persistió y se formó de manera autodidacta, aprendiendo a revelar y a hacer sus propias copias en un cuarto oscuro construido basándose en revistas y libros, siendo apenas un adolescente.
Ese aprendizaje temprano dejó una marca clara: la fotografía no era solo disparar, era un proceso completo, una cadena de decisiones que empezaba antes del clic y terminaba mucho después.

Arquitectura sin título, pero no sin mirada
Su paso por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela fue breve, pero decisivo. No culminó la carrera, pero adquirió allí una comprensión profunda de la perspectiva, del dibujo y de la representación del espacio. Un profesor lo confrontó con una verdad incómoda pero reveladora: sus fotografías eran extraordinarias, sus planos no tanto.
Lejos de ser una derrota, aquel comentario funcionó como una brújula. Chagín no estaba destinado a construir edificios, sino a interpretarlos visualmente. La arquitectura quedó en él como una estructura mental, una forma de pensar el espacio que hoy define su fotografía.

Fotografiar arquitectura: escuchar antes de mirar
Para Antonio Chagín, una sesión de fotografía arquitectónica comienza con una conversación. Escuchar al arquitecto, entender el concepto del proyecto, recorrer el espacio y observar cómo fluye la luz a lo largo del día son pasos fundamentales. La cámara llega después.
Su método se apoya en el tiempo: seguir la trayectoria del sol, identificar los momentos adecuados para cada espacio, y esperar hasta que el lugar “diga algo”. No hay disparos impulsivos. Hay observación, pausa y una clara intención comunicativa en cada imagen final.

Técnica al servicio de la emoción
Chagín es enfático en un punto: la técnica no puede traicionar al espacio. Critica el uso excesivo del gran angular que deforma la arquitectura y convierte los espacios en caricaturas visuales. Para él, respetar la proporción es respetar la obra arquitectónica.
El uso de cámaras de formato medio, la corrección precisa de perspectiva y un proceso de postproducción minucioso —que puede tomar horas por imagen— forman parte de una ética del trabajo donde cada fotografía debe transmitir una emoción coherente con la experiencia real del lugar.

Una transición sin nostalgia
A diferencia de muchos fotógrafos de su generación, Chagín adoptó tempranamente la fotografía digital. Vio en ella una oportunidad creativa más que una amenaza. El software no aparece en su discurso como un atajo, sino como un espacio de decisión estética donde una misma imagen puede adquirir matices emocionales distintos.
La fotografía, insiste, no es objetiva. Es una interpretación consciente, construida desde la toma hasta el último ajuste de color.
La mirada aérea: ampliar el territorio visual
Ya establecido en Estados Unidos, su trabajo evolucionó hacia la fotografía aérea aplicada a la arquitectura. Convertirse en piloto certificado de drones no fue un simple requisito técnico, sino una extensión natural de su interés por comprender el espacio en todas sus dimensiones.
Desde el aire, Chagín encuentra nuevas relaciones entre arquitectura, territorio y paisaje. La perspectiva vertical le permite completar una visión espacial que antes solo podía imaginarse desde el plano.
Fotografía como contemplación, no como impulso
Uno de los aspectos más reveladores de su pensamiento es su relación con el acto de fotografiar. Para Chagín, una buena imagen no surge del azar ni de la acumulación de disparos. Surge cuando algo se siente. La fotografía es, ante todo, un acto de contemplación.
Si el espacio no transmite nada, la imagen tampoco lo hará. Por eso afirma que, incluso con toda la técnica del mundo, no es posible fotografiar bien aquello que no se comprende o no se ama.
La imagen habla de quien la hace
En el fondo, su trabajo confirma una idea clave: toda fotografía es un autorretrato indirecto. La forma de encuadrar, de esperar, de corregir y de interpretar revela tanto del fotógrafo como del espacio fotografiado. Cada imagen contiene la biografía, la sensibilidad y las obsesiones de quien la construye.
Antonio Chagín no fotografía edificios: fotografía experiencias espaciales. Su obra se sitúa en ese punto donde la arquitectura deja de ser objeto y se convierte en vivencia.
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Prof. José Ramón Briceño Diwan
Notas fotográficas
CARACAS D.C. VENEZUELA
Enero, 2026